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La política exterior del Gobierno de Pedro Sánchez hacia el norte de África ha abandonado cualquier atisbo de dignidad nacional para convertirse en un ejercicio flagrante de sumisión. El gobierno de Sánchez ejecuta un desembolso continuo de fondos públicos hacia Marruecos que supera el umbral del mero intercambio diplomático. Asistimos a la entrega sistemática de recursos de los contribuyentes españoles a un régimen que utiliza la presión e invasión migratoria como herramienta de chantaje político. Las donaciones de ayudas de España para Marruecos, a fondo perdido- esto es, regalos, son escandalosas. Financiamos a nuestros enemigos y a aquellos que quieren quitarnos ciudades bajo justificaciones presupuestarias que rozan el absurdo en una democracia consolidada.
Los datos oficiales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), recogidas por El Debate, destapan la magnitud de este flujo financiero. Entre los años 2020 y 2024, el Ejecutivo central transfirió a Marruecos un total de 181,2 millones de euros en concepto de cooperación al desarrollo. Esta cifra arroja una media anual de 36,2 millones de euros que el contribuyente español abona directamente a las arcas de la tiranía marroquí. El propósito teórico de estas subvenciones busca el progreso de una población civil que sufre las carencias del sistema marroquí. Sin embargo, la realidad fronteriza desmiente la utilidad de este gasto masivo, puesto que decenas de miles de súbditos de Mohamed VI terminan invadiendo el territorio de Ceuta con la complicidad y el estímulo de las propias autoridades de Marruecos, tal y como demuestran los informes internos de las fuerzas de seguridad españolas.
Financiación de quimeras democráticas en un régimen absolutista
El destino de las partidas ministeriales roza el esperpento político. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, desvió fondos públicos con el objetivo de «promover procesos electorales transparentes, inclusivos y confiables como base para el fortalecimiento de la democracia». Esta justificación constituye una auténtica utopía absurda y una burda excusa para regalar dinero a fondo perdido en un país donde la soberanía real emana exclusivamente del decreto del monarca Mohamed VI. El ministro de Asuntos Exteriores, José Luis Albares, actúa como el principal valedor de este sinsentido, defendiendo a Marruecos como un socio fiable mientras exonera al país vecino de cualquier responsabilidad en las invasiones de Ceuta y Melilla.
Además, la sangría económica perjudica de manera directa a los sectores productivos nacionales. El Gobierno de España destina cuantiosas subvenciones al fomento de una agricultura marroquí cuyos productos compiten deslealmente con los españoles. Sánchez financia y apoya a organizaciones de productores norteafricanos y regala miles de euros para la protección de cultivos frente a plagas en suelo marroquí. Mientras los agricultores de Murcia, Andalucía o la Comunidad Valenciana afrontan normativas ambientales asfixiantes y costes de producción inasumibles, el dinero público español sufraga la modernización y blindaje de las explotaciones agrarias que hunden los precios en los mercados europeos.
El pozo sin fondo del supuesto control migratorio
La Unión Europea y el Ministerio del Interior complementan este trasvase de capital con partidas extraordinarias destinadas al refuerzo fronterizo. Bruselas mantiene en vigor un plan plurianual dotado con 500 millones de euros para el periodo 2021-2027 con el fin de robustecer el control migratorio, superando con creces los 343 millones destinados en el septenio anterior. A esta gigantesca inyección financiera hay que añadir las subvenciones directas que otorga el departamento de Fernando Grande-Marlaska. Interior transfirió 30 millones de euros en 2022 y acumula más de 117 millones de euros en diversas partidas para la lucha contra las mafias en el continente africano desde el inicio del mandato del actual ministro.
Esta estrategia de comprar la tranquilidad fronteriza con el talonario público constituye un fracaso absoluto. Marruecos manipula la verja a su antojo, abriendo y cerrando los flujos migratorios en función de los intereses geopolíticos de Mohamed VI. Las ayudas millonarias a fondo perdido no actúan como un mecanismo de contención, sino como el pago de un tributo periódico que debilita la posición negociadora de España. Son excusas, solamente excusas para regalar cientos de millones de euros al año al dictador Mohamed VI mientras la soberanía de Ceuta y Melilla sufre una amenaza constante.
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