Cuando la razón de la fuerza domina el nuevo orden mundial

razón de la fuerza

La razón de la fuerza marca el nuevo orden mundial impulsado por Trump tras Venezuela y Groenlandia.

La razón de la fuerza -a través del uso del poder militar o el económico- se ha convertido en el principio rector del nuevo escenario internacional. Los aranceles usados por Estados Unidos como arma negociadora y de sometimiento, así como la intervención en Venezuela y el anuncio de su intención de apoderarse de Groenlandia, incluso mediante el uso de la fuerza, lo confirman.

La Administración Trump impulsa una visión del mundo donde la fuerza militar y económica sustituye a la razón y al derecho. En ese marco, la razón de la fuerza deja de ser una excepción y pasa a ser una norma. Es la ley del más fuerte.

Esta disyuntiva no resulta nueva. Atraviesa toda la historia humana. Lo que la hace novedosa es que ahora se quiere imponer como norma de conducta, como regla para todos los países.

La razón de la fuerza frente a la fuerza de la razón

La razón de la fuerza sostiene que algo es legítimo porque quien lo impone posee poder. No importa si una acción resulta injusta o ilegal. Lo decisivo es la capacidad de imponerla. Si lo quiero, lo consigo, sin importarme las consecuencias. Esta lógica ha dominado generalmente los regímenes dictatoriales y ha provocado las guerras.

Ahora vuelve a imponerse en este nuevo orden cuatripolar. Las grandes potencias ya no buscan acuerdos estables. Buscan imponer su voluntad mediante presión militar, sanciones económicas o amenazas directas. Ya no necesitan excusas. El poder sustituye al derecho.

Trump, Venezuela y Groenlandia: la lógica de Maquiavelo

La razón de la fuerza define hoy la política exterior de EEUU. Trump ha demostrado que no acepta límites morales ni jurídicos cuando persigue sus objetivos estratégicos, sus intereses nacionales. La intervención en Venezuela – no para derrocar una dictadura sino por sus intereses económicos y geopolíticos -y la amenaza abierta sobre Groenlandia lo evidencian.

Cuando Trump afirma que Groenlandia debe pasar a control estadounidense por razones estratégicas, incluso mediante la fuerza, muestra una lógica puramente maquiavélica. Maquiavelo resumió esa doctrina en una frase brutal: el fin justifica los medios.

Esa lógica ya no se oculta. Trump la convierte en política oficial. La razón de la fuerza deja de ser una práctica encubierta y se convierte en discurso público. El poder ya no pide permiso.

Este comportamiento rompe el orden internacional tal y como lo conocemos. Las fronteras dejan de ser sagradas. La soberanía se vuelve negociable si una potencia dispone de más fuerza.

Un nuevo orden cuatripolar basado en la imposición

La razón de la fuerza estructura el nuevo orden global. Estados Unidos, China, Rusia y otros polos emergentes ya no aceptan reglas comunes. Cada uno impone su voluntad en su área de influencia.

El derecho internacional pierde peso. El mensaje resulta claro: quien tiene fuerza decide. Esta deriva amenaza directamente a las naciones medianas y pequeñas. Sin un marco legal fuerte, quedan a merced de los grandes imperios. Hoy es Groenlandia. Mañana puede ser cualquier territorio estratégico.

Una sociedad basada en la razón de la fuerza no garantiza derechos. Solo garantiza sumisión. El miedo sustituye a la ley.

La disyuntiva que define nuestro futuro

La razón de la fuerza no solo afecta a la geopolítica. Define el modelo de sociedad. Cuando el poder se impone sobre la ley, la libertad desaparece. Cuando la fuerza sustituye al derecho, la dignidad humana se degrada.

El Estado de derecho nació para resolver esta tensión. La ley debía gobernar a la fuerza. La policía y el ejército debían obedecer normas. Hoy esa arquitectura se agrieta.

El nuevo orden rompe ese equilibrio. Vuelve a un mundo donde manda quien golpea más fuerte. Maquiavelo ha ganado terreno. Los principios morales retroceden. Venezuela y Groenlandia lo confirman.

Comparte con tus contactos:

Deja un comentario