Los padres dicen No al cierre de los colegios de Educación Especial| Eusebio Alonso

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Sabemos que, durante la vigencia del estado de alarma, el gobierno de España ha suspendido los trámites administrativos y procesales. Sin embargo, esta suspensión no se aplica a los trámites parlamentarios. Aprovechando esa circunstancia, se está realizando la tramitación de la polémica ley de educación LOMLOE (Ley orgánica de modificación de la LOE). Evitando así, la presión en la calle del amplio colectivo discrepante.

La LOMLOE y el Gobierno

La LOMLOE puede llegar a afectar gravemente al colectivo de personas con discapacidad. En su disposición adicional cuarta se indica que “se desarrollará un plan para que, en el plazo de 10 años, los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad”. Sin mayor aclaración, esto supone una intención velada de cierre de los colegios actuales de educación especial en un horizonte de 10 años.

El colectivo de familias con personas con discapacidad intelectual, colegios de Educación Especial, sindicatos, patronales y profesionales de la enseñanza se movilizaron contra esta norma con una manifestación muy concurrida en Valladolid el 18 de febrero de 2019. Como resultado de esa manifestación se consiguió parar temporalmente la tramitación de la ley. Sin embargo, ahora se ha reanudado con urgencia aprovechando la situación de confinamiento ¿No habría sido más adecuado de abrir una mesa de diálogo para que representantes del colectivo de afectados pudieran consensuar la redacción de la ley? ¿Por qué se ha prescindido de la opinión de los afectados?

Disconformidad de los afectados

Tras la reciente reanudación de la tramitación de la LOMLOE, varios colectivos se han hecho eco de su disconformidad. El gobierno ha intentado contrarrestar esta reacción con la una nota de prensa pretendiendo acallar sus críticas.

Una vez más, la estrategia del gobierno ha sido desplegar su potencial mediático para hacer pasar por bulo todo lo que le incomoda. Estrategia que, como todos sabemos, también está limitando actualmente la libre comunicación de los ciudadanos en las redes sociales so pretexto de dificultar la propagación de bulos durante el estado de alarma.

La plataforma “Inclusiva sí, especial también” se ha apresurado a contestar a la anterior nota de prensa, con la siguiente respuesta que fundamenta la preocupación del colectivo y desmonta que se trate de un bulo como pretende hacer creer el PSOE.

La ambigüedad de la disposición adicional 4 de la LOMLOE supone una puerta abierta a la enmienda 502 impuesta por el CERMI que establece que: “Se fija el curso escolar que comience en 2025, como horizonte temporal para de todas las estructuras y dispositivos del sistema educativo español sean permanentemente inclusivos para el alumnado con discapacidad, no admitiéndose desde esa fecha modalidades, regímenes, recursos o apoyos educativos que no se atengan estrictamente al principio de inclusión.”

No parece que haya otra interpretación posible de esta enmienda salvo la desaparición progresiva de los colegios de Educación Especial una vez vaciados.

Padre con una persona con discapacidad intelectual

Después de esta exposición de motivos que, a mi entender, justifica suficientemente la preocupación por el más que posible cierre de los colegios de Educación Especial, me gustaría dar mi opinión personal.

Yo soy padre de una persona con discapacidad intelectual. Nadie sabe mejor que el colectivo de padres de estas personas lo que se ha tenido que luchar para conseguir de la Administración suficientes colegios de Educación Especial para nuestros hijos. Quiero elogiar aquí el compromiso de mi mujer y de tantas otras muchas personas por su larga dedicación al objetivo de garantizar la mejor atención posible a las personas con discapacidad.

Mi hijo estuvo varios años escolarizado en un colegio público de integración. La experiencia fue razonablemente buena durante un tiempo, consiguiéndose sobradamente los objetivos de socialización. Al principio, mi hijo asistía al cumpleaños de la mayoría de sus compañeros, y también los invitaba al suyo. Era uno más. Años más tarde, y de forma progresiva, ya nadie le invitaba a su cumpleaños y en el patio jugaba solo. Ni que decir tiene la divergencia que en aquel momento ya existía entre el nivel curricular de mi hijo y el de sus compañeros. Fue entonces cuando decidimos, mi mujer y yo de común acuerdo, llevarlo a un colegio de Educación Especial donde pudiese sentirse realmente integrado con personas con limitaciones parecidas. Y encontrar, sin dificultades, los especialistas y los apoyos más adecuados para atender su discapacidad.

Esta es mi experiencia personal, que en absoluto pretende ser válida para todo el mundo, ni descartar la posibilidad de que la integración o la inclusión pueda ser, dependiendo del caso y las circunstancias, una elección definitiva en la educación de algunos jóvenes con discapacidad.

Me considero afortunado por los logros alcanzados por mi hijo. Al día de hoy, mi hijo goza de unas competencias que le permiten acceder al mundo del trabajo teniendo actualmente un contrato de trabajo indefinido al alcance de sus posibilidades. Disfruta del ocio con sus amigos y dispone de gran autonomía de movimiento. Me pregunto yo… ¿En qué medida ha perjudicado a mi hijo su educación en un colegio de Educación Especial? Yo creo que en ninguna. Más bien al contrario. Quiero dar las gracias al colegio María Isabel Zulueta de Rivas-Vaciamadrid, gestionado por la Fundación Síndrome de Down de Madrid, y el colegio Pablo Picasso de Alcalá de Henares por su esfuerzo para conseguirlo.

Mi mujer y yo, nunca estuvimos en contra de la integración y por eso la elegimos como opción inicial, hasta que dejó de ser una opción válida para nuestro hijo. Tampoco estamos en contra de la inclusión, si ésta realmente va a suponer una mejora respecto a la integración.

Inclusión y Educación Especial no son excluyentes

La Inclusión y Educación Especial deben coexistir, y deben ser los padres de personas con discapacidad los que decidan libremente donde quieren educar a sus hijos y tener libertad para cambiar de opción cuando quieran. Así debiera ser. Sin restricciones, imposiciones o políticas maquiavélicas de hechos consumados. Siempre me ha parecido deplorable la actitud de los gobiernos paternalistas, que limitan la libre elección y deciden por sus ciudadanos sin contar con ellos.

Si ya tenemos algo que funciona razonablemente bien ¿Por qué no construir la inclusión, sin plazos, con experiencias piloto sobre lo que ya tenemos? ¿Por qué no dejar que sea la elección libre de las familias de afectados las que decidan el modelo futuro de educación de las personas con discapacidad?

En este asunto, nuestra exigencia debe centrarse en la libertad de elección sin cortapisas, evitando que ésta se vea limitada por la eliminación de opciones.

La urgencia del PSOE en cerrar este asunto, en contra de la opinión de la inmensa mayoría de los afectados, me hace pensar que algo más está en juego.

Eusebio Alonso