En las referencias periodísticas a los resultados de las guerras, se alude a menudo a las muertes de los niños, dándoles mucho más relieve que a las de la gente mayor. Se ve que se valora la inocencia, la falta de maldad…, y consiguientemente se vive como un acto de injusticia el eliminar a aquellos seres humanos que no han tenido nada que ver para provocar las guerras que hoy nos acucian.
Hay otro tipo de personas de actitudes contrarias a la guerra, y que tienen en su corazón sentimientos de cariño muy marcados, dirigidos directamente a sus hijos. Suele decirse a menudo, que a una madre se le parte el corazón cuando se le muere un hijo, hasta el punto de que, si estuviera en sus manos, entregaría su propia vida en lugar de la del hijo. El cariño de la madre se deja sentir de modo especial en las horas que pasa sin dormir por custodiar el sueño de su niño, y también en los sacrificios que hace por ayudar a que su bebé crezca sano y evitar así problemas innecesarios para el hijo de sus entrañas.
Teniendo en cuenta esto que es propio de la constitución humana de las madres, repugna profundamente el que el Gobierno intente reformar la Constitución Española para que las madres puedan abortar al niño que, habiendo sido concebido en su seno, les podría causar problemas en algún caso insolubles. A menudo dicen las madres gestantes que, en muchos casos, intuyen que el bebé concebido “va a ser futbolista”, porque mueve mucho las piernas. Desde luego, en cualquier caso, la madre que está gestando cuida con esmero al bebé que tiene dentro, como algo suyo muy querido, que la hace vivir de esperanza en lo que aquel feto lleno de vida llegará a ser.
Teniendo en cuenta estas virtudes de la condición femenina, es a todas luces inconcebible que el Gobierno intente reformar la Constitución Española promoviendo la ejecución del aborto, en casos en que la salud de la madre pudiera peligrar. Una medida de ese tipo, unido a que, en España, por diversos medios, se justifica el ejercicio abierto de la sexualidad, llevaría a eliminar muchos fetos, poseedores de una vida que, de no ser aniquilada entonces, daría como fruto un ser humano, merced a la vida que el Señor, por medio de sus padres, le había transmitido.
¿Se imaginan Vds. la razón de por qué muchos médicos se declaran objetores de conciencia al pedirle una embarazada que le practique el aborto? ¿No será porque se declaran incapaces de cometer un crimen? El caso es que, si no aceptan el practicarlo, quedarán formando parte de una lista de personas que no han querido llevar a cabo lo que otros le mandaban…, cuando en realidad los médicos están para curar, no para matar… Y, visto desde otro lado, ¿cómo podemos soportar el que se defienda el aborto, cuando en realidad se debería promover la defensa de la vida?
Ante esta situación, pendiente de aprobar por parte del Parlamento la concepción del aborto como un derecho de la mujer que debería dar a luz, no puedo menos que lanzar un grito, llamando a quienes han tenido la oportunidad de llegar a vivir, a que respeten y cuiden esas vidas que Dios ha dado, en lugar de hacerles la guerra a los seres racionales todavía no nacidos e impedir así que nazcan muchos de los llamados a tener una existencia libre.
José Fernández Lago | Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma
tags: aborto, defensa de la vida, derecho a nacer, Constitución Española, objeción de conciencia, maternidad, ética médica, derechos humanos.




