El presidente inicia su cuarto viaje a Pekín en tres años
El próximo viaje de Sánchez a China vuelve a situar al Gobierno español en el centro de una controversia política y diplomática. Sánchez iniciará el próximo lunes una visita oficial de tres días a Pekín, la cuarta que realiza en poco más de tres años. El viaje se produce además en un momento internacional extremadamente delicado, con tensiones geopolíticas crecientes y con Estados Unidos y varios socios de la Unión Europea observando con gran recelo el acercamiento cada vez más estrecho de España al régimen comunista chino.
El viaje adquiere un carácter especial por varios motivos. Por primera vez se trata de una visita oficial plena y, además, Pedro Sánchez acudirá acompañado por su esposa, la imputada Begoña Gómez. Durante su estancia en la capital china, el presidente español mantendrá encuentros con las tres principales autoridades del régimen: el propio Xi Jinping, el primer ministro Li Qiang y el presidente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji.
Un acercamiento que genera inquietud en Occidente
EEUU y la UE observan con gran preocupación
El viaje de Sánchez a China no se produce en un vacío político. La visita coincide con un contexto internacional marcado por la guerra en Oriente Medio y por la creciente rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China para liderar este nuevo orden multipolar.
En el anterior viaje del presidente español, realizado en plena guerra comercial entre EEUU y China, Donald Trump expresó su malestar por el acercamiento de España al gigante asiático. Ahora el escenario resulta incluso más complejo. Aunque existe una tregua temporal de dos semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán para negociar una desescalada en Oriente Medio, la situación geopolítica sigue siendo extremadamente volátil.
China ha mantenido un papel discreto durante ese conflicto, aunque apoyó diplomáticamente junto a Pakistán los esfuerzos para lograr el alto el fuego temporal.
Un socio que la OTAN considera un desafío sistémico
El acercamiento de España al régimen comunista chino genera inquietud también en la OTAN. La Alianza Atlántica considera oficialmente a China un “desafío sistémico” para las democracias occidentales. Por ese motivo, las frecuentes visitas del presidente español a China provocan temor y rechazo tanto en EEUU como en varias capitales europeas. Consideran que tener a España en estas circunstancias es como tener al enemigo en casa.
Desde Moncloa intentan restar importancia a esas preocupaciones. El Gobierno sostiene que España busca mantener relaciones constructivas con todas las grandes potencias mundiales, ya sean Estados Unidos, China o India.
Un viaje cada vez más político
La diplomacia económica pierde protagonismo
Los tres viajes anteriores de Sánchez a China tuvieron un enfoque principalmente económico. El objetivo consistía en reducir el enorme desequilibrio comercial entre ambos países. Sin embargo, el viaje actual adquiere un tono más político que nunca. Una señal clara aparece en la composición de la delegación española. En esta ocasión no forma parte del viaje el vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, algo que sí ocurrió en otras visitas. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se unirá posteriormente a la delegación en Pekín.
Desde el Gobierno aseguran que el objetivo principal consiste en profundizar el diálogo estratégico y reforzar la confianza con el régimen chino.
Un desequilibrio comercial que no deja de crecer
España importa mucho más de lo que exporta
Uno de los grandes argumentos del Ejecutivo para justificar los viajes a China consiste en mejorar el comercio bilateral. Sin embargo, los datos muestran una realidad muy distinta. Según cifras del Ministerio de Economía, España exportó a China en 2025 productos por valor de 7.971,6 millones de euros. En cambio, las importaciones procedentes del gigante asiático alcanzaron 50.249,5 millones de euros.
Esto significa que España importa más de seis veces lo que vende a China, una brecha comercial que no ha dejado de ampliarse pese a los viajes diplomáticos. Las autoridades españolas sostienen que sin la interlocución directa de Sánchez con Pekín ese desequilibrio sería aún mayor.
La polémica de Huawei y las infraestructuras críticas
Un episodio que tensó las relaciones con aliados
Las dudas sobre la estrategia del Gobierno español alcanzaron su punto máximo el pasado verano. Entonces trascendió que el Ejecutivo había adjudicado contratos relacionados con almacenamiento de escuchas judiciales y redes 5G a la empresa china Huawei.
La decisión provocó una fuerte reacción internacional. Estados Unidos mantiene vetada a Huawei por sospechas de espionaje al servicio del régimen chino. Al mismo tiempo, la Unión Europea estudia una legislación para impedir que la compañía participe en el desarrollo de infraestructuras estratégicas. La presión diplomática fue tan intensa que el Gobierno español terminó cancelando los contratos.
Una política exterior que genera dudas
El viaje de Sánchez a China vuelve a plantear una cuestión estratégica para España donde las decisiones diplomáticas tienen consecuencias profundas para la seguridad, la economía y la credibilidad internacional de un país.
España forma parte de la Unión Europea y de la OTAN. Esa posición implica responsabilidades y también exige prudencia en las relaciones con potencias que muchos aliados consideran rivales, e incluso enemigos, estratégicos. Y ya se sabe…
Cuando un gobierno se acerca demasiado a una dictadura comunista, sus aliados empiezan a relegarlo y aislarlo. Deja de ser fiable
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