Lo primero que quiero hacer es lamentar profundamente la muerte de Noelia y encomendar su alma para que Dios la acoja en su seno.
Es una auténtica vergüenza el circo mediático que se ha organizado alrededor de este triste caso. La moral y la ética han brillado por su ausencia en la mayoría de los medios.
De las numerosas opiniones que se han vertido, prácticamente todas han juzgado que no se tenía que haber llegado a esta situación. Creo que tienen mucha razón. Efectivamente, la vida de esta pobre chica ha sido un cúmulo constante de desgracias y situaciones muy graves. Ni las instituciones, ni la sociedad han sido capaces de socorrer a Noelia.
No he oído ninguna declaración que haya puesto de manifiesto la aberración que supone legalizar acciones que vayan contra la vida de las personas como son el aborto y la eutanasia. Ya sé que es ir contracorriente y que son pocos los que osan ir en contra del pensamiento único, pero esa es la barbaridad, haber concienciado a la sociedad de que matar a una persona es bueno.
¿Cómo es posible que una ley permita matar a una persona, sean cuales sean sus circunstancias? Muy degenerada tiene que estar la sociedad para que sus representantes aprueben leyes que vayan en contra del primer derecho fundamental que tiene la persona, el derecho a la vida. Con todo el cinismo del mundo, encima dicen que eso es progresista. Solo mentes putrefactas pueden pensar así.
Muchas de las teorías que propugna la izquierda son un ataque abierto a Dios. Las continuas agresiones de la izquierda a La Iglesia Católica tienen su razón de ser en que saben que los principios y valores de la Doctrina de la Iglesia desarman por completo su ideología, por eso le tienen tanto miedo.
Aunque lo nieguen, también saben que la vida sólo la puede dar y quitar Dios, pero ellos quieren ser dioses y decidir sobre algo tan sagrado como es la vida de las personas. Eso sí, luego se rasgan las vestiduras porque el toro de lidia muere en una plaza, o se gastan una salvajada en defender al lince, eso se llama incongruencia e hipocresía.
La eutanasia es un eufemismo con el que se disfraza la muerte provocada a una persona. Los valedores de este asesinato encubierto han utilizado expresiones como “muerte digna” o “razones humanitarias”. Muerte digna es morir de forma natural en tu cama, con los cuidados necesarios para aliviar al máximo los sufrimientos físicos y psíquicos.
Ya sé que con la actual legislación en la mano la eutanasia no es un asesinato, pero para mí sí lo es. Nadie puede disponer sobre su propia vida ni sobre la de otros. Será legal, pero es profundamente inmoral porque atenta contra el principal derecho de la persona, el derecho a la vida. Las mayorías parlamentarias que aprueban las leyes en el Congreso pueden legalizar un acto intrínsecamente malo, pero no pueden convertir moralmente en bueno algo que es objetivamente malo.
Son numerosos los científicos, médicos, filósofos, etc. que defienden la vida de forma clarísima y, por ende, están en contra de la “cultura de la muerte”. Estos mismos apuestan por una muerte digna con cuidados paliativos de calidad que eviten sufrimientos al enfermo terminal. Es curioso que, siendo España un país muy atrasado en los cuidados paliativos, queda mucho por hacer, sin haber propuesto avance alguno en esta materia, hayamos ido directamente a aprobar una ley de eutanasia.
Y ya que hablan de “muerte digna”, no hay mayor atentado a la dignidad de la persona que quitarle el derecho a la vida. Como siempre, la Iglesia Católica es la mayor defensora de la persona, por eso en el número 107 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dice “Toda la doctrina social se desarrolla, en efecto, a partir del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana”. Y en el número 108 establece que “por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien”.
Como siempre, van con la mentira y la falsedad por delante, y lo que en un principio era una ley solo aplicable a casos extremos, con el caso de Noelia, por la vía de los hechos consumados ha pasado a admitirse el suicidio asistido.
Jose Ignacio Echegaray | Colaborador de Enraizados
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