En los últimos años se ha producido un claro resurgimiento del personaje rojo izquierdista en España en sus distintas modalidades, que van desde del izquierdista de poltrona o sillón hasta el perroflauta pasando por el pijoprogre.
El fenómeno no resulta nuevo. Durante décadas, la figura del rojo izquierdista ha evolucionado desde el estereotipo clásico del universitario de barba, americana de pana, con el País debajo del brazo y gafas redondas hasta el actual pijoprogre que vive rodeado de comodidades mientras predica contra el sistema que le permite disfrutarlas. Un ser que se identificaba con ciertos símbolos culturales. Cabello largo, estética alternativa y admiración por figuras revolucionarias como Che Guevara o Fidel Castro. Paradójicamente, muchos de esos ídolos históricos estuvieron asociados a regímenes dictatoriales y criminales
Hoy, en España, el rojo izquierdista ya no exige renunciar al lujo ni a las comodidades. El perfil ha cambiado. En la España actual no resulta incompatible con un chalet con piscina en la sierra, como demuestra el caso de algunos líderes políticos de la extrema izquierda bien conocidos. Basta con repetir ciertos dogmas ideológicos, criticar a quien piense diferente y defender determinados relatos políticos.
El discurso continúa siendo radical en lo ideológico, pero la vida cotidiana refleja un alto nivel de confort material. Denuncian el capitalismo mientras se disfruta plenamente de sus ventajas. En ese contexto, algunos analistas como Isaac Parejo han resumido con ironía varias de las pautas que definen a esta nueva generación de progresistas. Veámoslas:
Reglas para ser un buen izquierdista, pijoprogre o incluso un perroflauta
Regla número uno: odiar al que piensa diferente
La primera norma de las reglas para ser un buen izquierdista consiste en considerar enemigo a todo aquel que no comparta la misma opción política.
Según esta lógica, solo ciertas formaciones resultan aceptables dentro del universo izquierdista. Entre ellas suelen mencionarse partidos como Podemos, ERC o incluso los proetarras de Bildu. En algunos sectores, cualquier postura moderada o conservadora se interpreta automáticamente como reaccionaria, antidemocrática o facha.
Este clima de polarización ha generado un debate público cada vez más agresivo, donde la libertad de pensamiento se reduce a menudo a la adhesión ideológica.
Anticapitalismo… con iPhone
Otra característica habitual del rojo izquierdista de pro contemporáneo consiste en el anticapitalismo discursivo. Muchos activistas denuncian el sistema económico occidental mientras utilizan dispositivos tecnológicos de última generación, viajan por Europa o disfrutan de productos de grandes multinacionales.
El contraste resulta evidente. Critican el libre mercado mientras viven en sociedades que les permiten prosperar gracias a él. Incluso quienes hablan con admiración de modelos socialistas raramente emigran a países que aplican ese sistema.
El culto al Estado
Una de las ideas centrales del rojo izquierdista moderno consiste en confiar ciegamente, y casi completamente en el Estado…para los demás.
Muchos discursos políticos defienden que la administración pública debe intervenir en prácticamente todos los ámbitos de la vida social. Educación, sanidad, economía, cultura o medios de comunicación quedan bajo la influencia de políticas públicas cada vez más amplias.
Sin embargo, España ya presenta uno de los niveles de gasto público más elevados de Europa, con millones de ciudadanos que dependen de ayudas estatales. Y cosa curiosa: ellos llevan a sus hijos a colegios privados nacionales e internacionales, y si tienen que ir a un hospital van a uno privado, Lo público es para los otros, no para ellos…
El rechazo al éxito empresarial
Otro rasgo frecuente dentro de las reglas para ser un buen rojo izquierdista consiste en la desconfianza hacia los grandes empresarios. Mientras en muchos países se admira al emprendedor que crea riqueza y empleo, en España ciertos discursos políticos tienden a demonizar a quienes alcanzan el éxito económico.
El caso de Amancio Ortega o el de Juan Roig, fundadores de Inditex y Mercadona respectivamente, reflejan muy bien este fenómeno. No importa que comenzaran desde una situación humilde y levantaran imperios empresariales. Para el discurso izquierdista son un símbolo del capitalismo que critican.
Paradójicamente, muchas de esas críticas llegan desde personas que jamás han creado una empresa ni generado puestos de trabajo ni han trabajado en una empresa. Han vivido siempre de la política. Pertenecen a la casta política.
Franco como argumento permanente
Otro elemento recurrente del discurso político rojo izquierdista consiste en recurrir constantemente a la figura de Francisco Franco. Más de cuatro décadas después de su muerte, el franquismo sigue apareciendo como argumento central en muchos debates ideológicos. Para algunos sectores, prácticamente cualquier adversario político puede etiquetarse como “franquista”.
Este recurso permite simplificar el debate político y movilizar a determinados votantes mediante el miedo al pasado.
Nacionalismo e incoherencias territoriales
En teoría, gran parte de la izquierda defiende el internacionalismo y la eliminación de fronteras. Sin embargo, el discurso cambia cuando entran en juego ciertos movimientos separatistas.
En regiones como Cataluña o Vascongadas, los izquierdistas apoyan referendos independentistas o reivindicaciones separatistas. Esta postura choca con la defensa de la igualdad entre ciudadanos que proclaman en otros contextos. Pero les da igual.
El anticatolicismo total y visceral
La religión católica se ha convertido en uno de los principales objetivos del discurso del rojo izquierdista más radical. Sacerdotes, templos o tradiciones religiosas reciben críticas y ataques constantes en determinados ambientes políticos y mediáticos. Sin embargo, esa dureza contrasta con el respeto que algunos de esos mismos sectores muestran hacia otras religiones como el islam a la que promueven. El ser anticatólico deja paso en muchos ocasiones al odio visceral. Destruir al catolicismo es su idea central.
La ambigüedad frente al terrorismo
Uno de los asuntos más delicados en la política española sigue siendo el legado terrorista y asesino de ETA. Durante décadas, la lucha contra el terrorismo unió a gran parte de la sociedad española pero la izquierda siempre ha visto al terrorismo con simpatía. En los últimos años, además, se han normalizado la presencia institucional de formaciones proetarras en los gobiernos y administraciones, vinculadas al entorno de la izquierda proetarra. Esta situación provoca un profundo malestar entre muchas víctimas del terrorismo, que consideran injustificable cualquier forma de equidistancia.
Todo esto ha generado una sociedad cada vez más polarizada, donde el debate público se reduce con frecuencia a etiquetas ideológicas en la que el rojo izquierdista español predica revolución mientras disfruta cómodamente del sistema que dice combatir. Son, claramente, una farsa.
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