España ante el abismo demográfico y el colapso del matrimonio

abismo demográfico y colapso del matrimonio

España se enfrenta a una transformación silenciosa que amenaza los cimientos de su estructura social. Según los datos que adelantará el próximo informe del Instituto de Política Familiar (IPF) y que se presentará la próxima semana, el matrimonio en nuestro país no solo está en retroceso, sino en un estado de colapso estadístico con una caída del 35% desde 1975.

Conversamos con Mariano Martínez-Aedo, presidente del IPF y experto en demografía, quien desglosa con crudeza las causas de este fenómeno: desde el retraso extremo en la edad de compromiso hasta la crisis de valores que antepone el individualismo a la estabilidad colectiva. Una entrevista esencial para entender por qué la fragilidad del hogar hoy es el riesgo geopolítico y económico del mañana

¿Estamos realmente ante una crisis del matrimonio en España?

Sí, sin ninguna duda. No hablamos de una percepción ideológica, sino de cifras oficiales. Desde 1975 se han perdido casi 100.000 matrimonios, lo que supone una caída del 35,4%. La tasa de nupcialidad se ha reducido a la mitad, y España se sitúa entre los países con menor tasa de la Unión Europea. Estos datos reflejan un cambio estructural profundo. La institución que vertebraba la sociedad española durante generaciones hoy pierde peso de forma acelerada.

¿Qué factor considera más preocupante dentro de esta evolución?

El retraso en la edad media al matrimonio. Los hombres se casan de media a los 39,86 años y las mujeres a los 37,25. Hace veinte años lo hacían seis años antes. Esto no es una simple estadística. Supone menos tiempo para formar familia, menos hijos y mayor fragilidad en los proyectos de vida. Cuando el compromiso estable se retrasa tanto, el impacto demográfico resulta inmediato.  Además de su impacto en la educación de los hijos, al ser sus padres relativamente mayores y muchas veces con un solo hijo.

«Sin familias fuertes, España pierde cohesión, estabilidad y futuro; recuperar el compromiso estable es una cuestión de responsabilidad histórica.»

¿Cómo afecta esta situación a la natalidad y al futuro demográfico?

Afecta directamente. El matrimonio sigue siendo el entorno donde nacen más hijos y donde existe mayor estabilidad. El 60% de los matrimonios convive con hijos, frente a un porcentaje menor en las parejas de hecho. Si el matrimonio cae y además se retrasa, la natalidad disminuye. España ya sufre una de las tasas de fecundidad más bajas de Europa. Sin relevo generacional, el equilibrio social entra en un gran riesgo, además del sistema de pensiones y la economía en general entran en riesgo.

El crecimiento de las parejas de hecho es evidente. ¿Qué lectura hace?

En España ya existen unos 1,8 millones de parejas de hecho, que representan un sexto de los hogares, superando el 20% en comunidades como Canarias o Baleares. Esto muestra un trasvase claro desde el matrimonio hacia modelos menos estables jurídicamente y hacia la soledad.

Aunque muchas parejas de hecho funcionan correctamente, las estadísticas reflejan mayor fragilidad y menor presencia de hijos. La sociedad cambia, pero las consecuencias estructurales deben analizarse con responsabilidad.

¿El matrimonio religioso está desapareciendo?

La caída resulta muy significativa. En 2024 el 83,6% de las bodas se celebraron exclusivamente por lo civil. Solo 28.759 fueron religiosas. En algunas provincias, como Gerona, apenas 1 de cada 16 matrimonios se celebró por la Iglesia. Esto indica una transformación cultural profunda. España fue históricamente un país donde el matrimonio religioso marcaba la norma social. Hoy ocupa un lugar claramente minoritario, lo cual impacta fuertemente en su planteamiento y estabilidad..

¿La precariedad laboral explica esta situación?

Influye, pero no basta para entenderla. En el 65,7% de los matrimonios trabajan ambos cónyuges. Además, incluso en etapas de crecimiento económico la nupcialidad no se ha recuperado. El problema no es solo económico. Existe una crisis cultural del compromiso, una visión más individualista de la vida y una pérdida del valor social del matrimonio. Sin abordar esa dimensión cultural, cualquier política económica resultará insuficiente.

¿Existen diferencias territoriales importantes?

Sí, y son muy reveladoras. Baleares presenta la tasa de nupcialidad más alta (4,97), mientras Castilla y León registra una de las más bajas (2,86). También varía el peso de las parejas de hecho según comunidad. Estas diferencias muestran que la cultura regional y el contexto social influyen. Sin embargo, la tendencia general es descendente en todo el país.

El aumento de divorcios es muy notable. ¿Qué implica?

El número de separados y divorciados ha crecido un 175% desde 2002. Esto significa que casi 3 millones de personas se encuentran en esa situación. Además, uno de cada cinco contrayentes ya se casa por segunda vez o más.

Entre quienes contraen matrimonio con 50 años o más predominan los divorciados. La estabilidad matrimonial disminuye y eso repercute en los hijos y en la cohesión social.

¿Qué consecuencias tiene esta transformación para la unidad y estabilidad nacional?

La familia constituye la célula básica de la sociedad. Cuando se debilita, aumenta la fragmentación social. Una sociedad con menos vínculos estables tiende a una mayor atomización. La cohesión nacional también se resiente. No se trata solo de valores privados, sino de estructura social. La fortaleza de España siempre ha descansado en familias sólidas y comprometidas.

¿Qué medidas políticas considera necesarias?

Se necesitan políticas fiscales favorables al matrimonio y a la natalidad. Hace falta apoyo decidido a la maternidad, conciliación real y defensa clara de la libertad educativa. También conviene reforzar el reconocimiento social del matrimonio como institución estable. No basta con subvenciones puntuales. Se requiere un cambio de enfoque que sitúe a la familia en el centro de las políticas públicas.

Además, es fundamental un enfoque cultural que revalorice la familia y los valores asociados, que reconozca su aportación social frente a otros modelos o alternativas, que las personas pueden adoptar pero que son menos valiosos a nivel social.  En este aspecto, el cambio de la presentación de la familia en los medios de comunicación social es importantísimo.

¿Qué mensaje lanzaría a los jóvenes que dudan del matrimonio?

El compromiso estable no limita la libertad. La orienta y le da profundidad. Formar una familia ofrece seguridad emocional, proyecto compartido y sentido de continuidad. Las estadísticas muestran que los matrimonios con hijos mantienen mayor estabilidad estructural. Apostar por el matrimonio no significa mirar al pasado, sino construir un futuro sólido.

Una reflexión final.

España afronta un desafío demográfico y cultural de gran magnitud. La caída del matrimonio no constituye una simple evolución social. Marca un cambio estructural con consecuencias económicas, educativas y nacionales.

Sin familias fuertes, España pierde cohesión, estabilidad y futuro.

Recuperar el valor del compromiso estable no responde a nostalgia. Responde a responsabilidad histórica.

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