Más control, menos libertad: Barcelona inunda de cámaras para monitorizar cada paso de sus ciudadanos

Más control menos libertad Barcelona

Anuncia la colocación de 500 videocámaras en dos años con la excusa de «recuperar la tranquilidad» en la Ciudad Condal.

La crisis de seguridad se utiliza como una herramienta de ingeniería social para que el ciudadano acepte ser vigilado.

La crisis de seguridad en Barcelona se ha convertido en el pretexto perfecto para transformar la ciudad en un escenario de vigilancia absoluta. El alcalde socialista Jaume Collboni ha anunciado la instalación de 500 cámaras con la excusa de recuperar una tranquilidad perdida tras años de abandono institucional.

Sin embargo, tras esta supuesta medida de protección se esconde un despliegue tecnológico que amenaza directamente la libertad de los ciudadanos y que provocará el control social. Muchos expertos, incluso, señalan que el consistorio ha permitido que la inseguridad crezca deliberadamente para justificar ahora este control poblacional sin precedentes.

Barcelona registra actualmente 281 robos diarios, una cifra alarmante que sirve de «pasaporte» para que el gobierno municipal imponga su agenda. La videovigilancia masiva no soluciona la raíz del problema delincuencial, pero sí acaba con el anonimato del vecino honrado. Sí acaba con la privacidad.

El fin de la privacidad en el centro histórico

El plan contempla inicialmente veinte cámaras en la Plaza Real y seis más en la avenida de la Catedral. Estos dispositivos pretenden vigilar los puntos más conflictivos de Ciutat Vella, pero su alcance técnico va mucho más allá de la simple observación.

La crisis de seguridad en Barcelona justifica, según el Ayuntamiento, el uso de tecnología de prevención rápida para identificar infractores. No obstante, la multiplicación de lentes en cada esquina facilita la monitorización constante de cada movimiento, gesto y reunión de los barceloneses.

El despliegue de 134 aparatos este año y 500 en total supone una red de espionaje urbano difícil de revertir en el futuro. El derecho a transitar libremente sin ser rastreado por algoritmos estatales está desapareciendo bajo el manto de una falsa sensación de seguridad.

El peligro oculto del reconocimiento facial

Aunque el consistorio evita mencionar el término, la densidad de esta red de cámaras abre la puerta al reconocimiento facial indiscriminado. Esta tecnología analiza los rasgos de cada individuo, cruzando datos de forma masiva y eliminando la privacidad en el espacio público.

Analistas y expertos sostienen que la crisis de seguridad en Barcelona es la excusa ideal para normalizar el rastreo biométrico. El sistema no solo detecta el delito, sino que ficha a cualquier ciudadano que decide manifestarse o simplemente pasear por su ciudad. Es el control poblacional total.

El alcalde defiende la medida buscando la aprobación de quienes están desesperados por la delincuencia. Sin embargo, cambiar libertad por seguridad suele derivar en la pérdida de ambas, especialmente cuando el control queda en manos de la administración, del Estado.

Una herramienta de ingeniería social

La verdadera solución a los 281 robos diarios no pasa por llenar las fachadas de ojos electrónicos, sino por aplicar las leyes vigentes. La impunidad de la multirreincidencia es una decisión política, no una falta de tecnología o de vigilancia visual.

Parece que el objetivo real no es detener al carterista, sino condicionar el comportamiento de la población general mediante la vigilancia permanente. La crisis de seguridad en Barcelona se utiliza así como una herramienta de ingeniería social para que el ciudadano acepte ser vigilado 24 horas al día.

La excusa de la seguridad es el caballo de Troya que introduce el control digital en nuestras vidas cotidianas y privadas. Debemos preguntarnos si estamos dispuestos a entregar nuestra intimidad a cambio de una vigilancia que, hasta ahora, no ha frenado el crimen.

«La crisis de seguridad se utiliza como una herramienta de ingeniería social para que el ciudadano acepte ser vigilado.»

El precio de la libertad

Este despliegue es un atentado flagrante contra la libertad personal en España. La seguridad debe garantizarse mediante la presencia policial y la firmeza judicial, no convirtiendo nuestras calles en una cárcel al aire libre.

Aceptar 500 cámaras con capacidad de reconocimiento es claudicar ante un modelo de sociedad donde el Estado lo sabe todo sobre el individuo. No podemos permitir que el miedo al delito se convierta en la cadena que nos ate a un sistema de control totalitario.

La verdadera soberanía del ciudadano comienza por su derecho a la privacidad y al respeto de su integridad en la vía pública. Defender Barcelona es también defenderla de quienes quieren observar cada uno de nuestros pasos bajo el pretexto de protegernos.

TAGS: Control social, Privacidad, Jaume Collboni, Reconocimiento facial, Crisis de seguridad en Barcelona, Libertad individual, Vigilancia masiva

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