El enchufismo político en ADIF colocó a 785 cargos designados a dedo en puestos técnicos, mientras el sistema ferroviario sufre accidentes, muertos y una degradación alarmante. Es lo propio de prevaricadores y corruptos.
Enchufismo político en ADIF: el cáncer que destruye la seguridad
El enchufismo político en ADIF se ha convertido en una amenaza directa para la vida de los españoles. Según fuentes internas del sector ferroviario, 785 cargos designados a dedo ocupan hoy puestos técnicos clave dentro de ADIF y del Ministerio de Transportes.
Esta información atribuida a la redacción de Mediterráneo Digital y difundida por el analista político Alvise Pérez, describe una estructura colonizada por los partidos políticos, en particular el PSOE. El sistema partitocrático PP-PSOE ha invadido la gestión ferroviaria.
Maquinistas e ingenieros denuncian que muchos de esos cargos no poseen la formación técnica mínima para ocupar esos puestos. El resultado es una red cada vez más insegura y peor gestionada.
El enchufismo político en ADIF no representa solo un problema ético. Sería, incluso, lo de menos. Representa un riesgo físico para millones de viajeros que usan el tren cada día.
España vive una crisis ferroviaria sin precedentes. En solo una semana se han producido siete accidentes graves con 46 muertos y cientos de heridos. La coincidencia no resulta casual.
Una cadena de mando bajo sospecha
El enchufismo político en ADIF no se limita a un puñado de cargos visibles. Los profesionales del sector alertan de una cadena de mando dominada por antiguos altos cargos y asesores políticos que siguen influyendo en decisiones técnicas.
Fuentes internas del sector señalan que perfiles sin cualificación han ocupado puestos estratégicos. Uno de los nombres que aparece en las denuncias con un historial ajeno a la ingeniería ferroviaria. es el del del ex-asesor Koldo García, ex-portero de prostíbulo sin educación primaria.
“Que el sistema ferroviario esté hundiéndose tiene mucho que ver con quién ocupa los puestos técnicos”, denuncian trabajadores del sector. La falta de profesionalización destruye la capacidad de respuesta ante riesgos reales.
El enchufismo político convierte una red de transporte vital en un instrumento de pago de favores partidistas. Los criterios técnicos han desaparecido.
Este modelo explica por qué las advertencias de los maquinistas no reciben atención. Explica también por qué las inversiones no llegan donde hacen falta.
Un entramado que se extiende al sector privado
El enchufismo político en ADIF no se queda dentro de la administración.
Según Alvise Pérez, la cifra real de enchufados podría duplicarse si se incluyen las subcontratas del Ministerio de Transportes., «el número de enchufados podría incluso duplicarse si se suman subcontratas del Ministerio: “Hay empresas privadas con único pagador el Ministerio cuya plantilla es casi en exclusiva miembros del PSOE». Esto es, empresas privadas que viven de contratos públicos del Ministerio de Transporte habrían creado plantillas formadas casi en exclusiva por militantes o afines al PSOE. El dinero público financia esta red.
Este sistema crea una estructura clientelar que bloquea cualquier reforma real. Quien cuestiona el modelo queda fuera. El enchufismo político también explica por qué nadie asume responsabilidades. La lealtad al partido y el cargo pesa más que la lealtad al ciudadano.
Seguridad ferroviaria en peligro
El enchufismo político en ADIF tiene consecuencias directas. Los accidentes mortales recientes muestran un sistema sin controles eficaces ni supervisión técnica independiente. Maquinistas e ingenieros exigen una profesionalización inmediata de todos los puestos técnicos. Sin esa limpieza, la red seguirá degradándose.
Los trabajadores reclaman una auditoría independiente sobre los nombramientos. También piden revisar los criterios de selección y los sistemas de supervisión. La seguridad de los pasajeros no puede depender de afinidades políticas. El tren no admite ideología ni enchufismo. Exige ingeniería, mantenimiento y responsabilidad.
Cada enchufe cuesta seguridad, dinero y, en el peor de los casos, vidas humanas.




