Cinco accidentes ferroviarios en España en cinco días: Oscar Puente no solo debe dimitir o ser cesado de inmediato; debe ser además juzgado por negligencia en las deficiencias de las vías del tren; Y debe ser rechazado por la militancia socialista que debe marginarlo como posible sucesor de Sánchez
La triple responsabilidad política, judicial y de su militancia de Óscar Puente se impone tras el descarrilamiento de Adamuz, que revela fallos graves de mantenimiento así como una gestión negligente que sacrificó la seguridad ferroviaria y provocó, al menos, 45 fallecidos.
Este desastre es el resultado de años de negligencia inexcusable, de prevaricación por omisión y de gestión política deficiente, que ha dejado al país en un estado de vulnerabilidad extrema frente a riesgos previsibles
El colapso de la seguridad
Su responsabilidad no admite matices ni excusas. No surge de un error puntual. El desastre ferroviario no cayó del cielo. Nace de una cadena de decisiones políticas temerarias y negligencias que provocaron decenas de muertos y colocaron en peligro a otros cientos de pasajeros más.
En Adamuz no existió error humano. El tren circulaba en recta y por debajo de la velocidad máxima. Los maquinistas habían alertado de problemas meses antes. Las imágenes mostraron una vía rota. El Gobierno descartó sabotaje. La conclusión resulta evidente: falló el mantenimiento de la infraestructura.
Las imágenes mostraron una vía rota. La realidad resulta devastadora: el Ministerio de Transportes dejó que las vías se pudrieran. Ni mantenimiento, sin reforzar las vías, y sin inversiones adecuadas.
Ese fallo tiene responsables políticos: Óscar Puente y el presidente de Renfe
Condena política: dimisión o cese inmediato
La responsabilidad de Óscar Puente comienza con una condena política inmediata. Un ministro que permite esto no puede seguir ni un minuto más en su cargo. Un ministro que dedica más tiempo a Twitter y al golf que a garantizar la seguridad ferroviaria es indigno para ser ministro. Esa dejación explica el desastre. Y Oscar Puente es el responsable.
El desastre ferroviario tiene una primera consecuencia ineludible: su salida del Gobierno. No basta con una explicación. España exige su dimisión o su cese fulminante. Cada día que Puente sigue en el despacho insulta a las víctimas. Un ministro de Transportes no puede sobrevivir a 45 muertos por negligencia.
Puente permitió que el tráfico ferroviario se triplicara sin reforzar las vías. La liberalización se impuso sin inversión en seguridad ni mantenimiento. Y es más, hace dos meses defendió demagógicamente subir la velocidad a 350 km/h. Hoy el Gobierno reduce la velocidad a 150 km/h en 150 kilómetros del eje Madrid-Barcelona por miedo al colapso. Ese giro expone que es conocedor de las deficiencias de las infraestructuras.
Mientras los maquinistas alertaban desde agosto de vibraciones peligrosas, Puente guardaba silencio. Solo ha reaccionado cuando la tragedia ya ha ocurrido.
La responsabilidad de Óscar Puente exige que Pedro Sánchez lo cese. Mantenerlo convierte al presidente en cómplice político de la catástrofe.
Responsabilidad penal: 45 muertos no pueden quedar impunes
Pero la responsabilidad de Óscar Puente no puede limitarse a una dimisión o un cese. Debe continuar en los tribunales. La Justicia debe evaluar el grado de su responsabilidad y si tiene consecuencias penales.
Si una vía mal mantenida provoca un descarrilamiento con decenas de víctimas, la ley habla claro: existe homicidio involuntario por negligencia grave.
Oscar Puente debe responder junto a los responsables de Renfe y Adif ante la justicia. No pueden esconderse tras informes burocráticos. La negligencia no puede quedar impune.
Además, el mismo tramo de Adamuz estaba vinculado a empresas relacionadas con la trama de Koldo. Ese dato agrava el escándalo.
Por otro lado, al día siguiente ocurrió otro descarrilamiento mortal en Barcelona. Hoy un accidente en Cartagena ha dejado, al menos 6 heridos, El sistema ferroviario se ha hundido bajo su mandato. La seguridad ferroviaria no admite frivolidad política.
El oprobio internacional ya golpea al país. La imagen de nuestras infraestructuras se desploma por una gestión irresponsable.
La responsabilidad penal de Óscar Puente exige jueces que investiguen y fiscales que actúen sin miedo al poder.
Responsabilidad ante su militancia y fin de sus aspiraciones
La responsabilidad de Óscar Puente también debe llegar desde su propio partido. Ningún militante honesto puede sostener a un dirigente manchado por 45 muertes. Debe ser rechazado por su propia militancia. Mantenerlo equivale a complicidad-
El PSOE no puede aceptar como heredero de Sánchez – tal como aspiraba- a un ministro que ha demostrado desprecio por la seguridad pública. Nadie puede aspirar a liderar un partido tras 45 muertos por negligencia.
En Adamuz saltaron por los aires sus ambiciones sus ambiciones de convertirse en el “puto amo”. La realidad ha puesto límites a su soberbia.
El PSOE no puede ofrecer como sucesor a un ministro que ha hundido el ferrocarril y ha fallado en su deber básico. Defender a Puente significa insultar a las familias destrozadas. Significa aceptar que la vida vale menos que un cargo. Nadie puede ascender sobre una tragedia. La ideología no puede justificar la incompetencia.
La triple responsabilidad de Óscar Puente marca un antes y un después. Dimisión o cese inmediato, proceso judicial y rechazo de su militancia marcan el único camino digno.. Se debe cerrar ya la etapa de irresponsabilidad y de soberbia de Oscar Puente.
España no puede tolerar ministros que juegan con la vida de sus ciudadanos. La justicia, la política y la sociedad deben actuar ya.




