Las palabras de Marlaska confirman que la prioridad del gobierno es la censura en redes sociales después de que señalara la vigilancia permanente de plataformas digitales. Han convertido España en un estado policial.
La censura en redes sociales como prioridad del Gobierno
Es propio de las dictaduras el control del relato. No permiten la libertad de expresión. Por ello, la censura en redes sociales del Gobierno avanza mientras España llora una tragedia ferroviaria sin precedentes recientes. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, marcó el rumbo.
Tras el siniestro ocurrido en Adamuz (Córdoba), Marlaska anunció que su departamento mantiene bajo observación constante las redes sociales.
La colisión entre un tren de alta velocidad de Iryo y un Alvia de Renfe dejó 41 víctimas mortales y decenas de heridos. La investigación apunta a un posible fallo de infraestructura. Aun así, el ministro centró su mensaje en el control de la información digital. Muchos ciudadanos esperaban explicaciones técnicas, apoyo a las familias y asunción de responsabilidades. El Gobierno ofreció vigilancia, amenazas y advertencias.
La censura en redes sociales aparece así como una prioridad absoluta en pleno duelo nacional. En lugar de responder sobre el estado de la red ferroviaria, el Ministerio habló de “monitorización permanente”. Es un claro intento de controlar el relato público con amenazas y censura.
Adamuz: más preguntas que respuestas
La censura en redes sociales no explica qué ocurrió en Adamuz. Las dudas crecen con el paso de las horas.
Usuarios, técnico, expertos y analistas recordaron denuncias previas sobre vibraciones irregulares en ese tramo ferroviario. También señalaron trabajos recientes de remodelación de la vía y recortes en mantenimiento denunciados por sindicatos. Maquinistas y representantes laborales llevan meses alertando sobre la degradación de la seguridad ferroviaria.
Ante ese contexto, Marlaska prefirió señalar a los ciudadanos que opinan en internet. Quiere silenciar a los que discrepan, a los que tienen un relato diferente al oficial.
Vigilancia digital frente a transparencia real
La censura en redes sociales se presenta como una herramienta contra la “desinformación”. «Casualmente» apelan a ella quienes quieren eliminar la libertad de expresión. Son siempre los mismo. Sin embargo, la Constitución protege la libertad de expresión, y por supuesto, aún cuando resulte incómoda para el poder.
Monitorizar opiniones ciudadanas tras una tragedia despierta un temor legítimo a la censura política. La credibilidad institucional sufre cuando el foco se desplaza del problema real hacia el control del discurso. La investigación apunta a deficiencias estructurales previas. Nadie habló de un error puntual o inevitable. En ese contexto, vigilar redes sociales proyecta una imagen de tiranía.
La censura en redes sociales choca con la necesidad de transparencia y rendición de cuentas. Un Gobierno seguro de su gestión no necesita vigilar opiniones. Necesita datos, informes y explicaciones claras. Y este gobierno no lo tiene.
La censura en redes sociales agrava la brecha entre gobernantes y ciudadano y marca una deriva peligrosa donde controlar el discurso nunca sustituye a la verdad.
La censura en redes sociales no honra a las víctimas ni fortalece la sociedad.




