Hablar de socialismo es hablar de corrupción, robo, persecución, secta, asesinatos y masacre de la libertad y de la persona.
Las menciones a Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero, Felipe González y a sus ministros ya no remiten a gestión ni a servicio público, sino a una secuencia continua de corrupción, sectarismo y decadencia institucional. No se trata de un fenómeno reciente: forma parte del ADN histórico del PSOE, una organización cuya trayectoria aparece marcada por el abuso de poder, la impunidad y el deterioro sistemático del Estado.
En este editorial no señalaremos a los nombres propios que protagonizan esta historia criminal., sino, sobre todo, al entramado ideológico que lo hace posible: un socialismo que convierte el poder en botín, las instituciones en refugio y la nación en moneda de cambio.
Decir Socialismo es decir robo
El socialismo se define, entre otras cosas, como un sistema que impone la propiedad colectiva o estatal sobre los medios de producción y distribución. Ese concepto encierra una trampa moral, porque arrebata al individuo el fruto de su trabajo.
Colectivismo, comunismo, marxismo, progresismo o socialdemocracia describen la misma práctica con distintos nombres. Todos esos términos se pueden sustituir por uno solo: robo.
Robo del dinero ganado. Robo de los impuestos forzosos. Robo de los hijos – y su educación- por el Estado. Robo de la libertad y de la dignidad de la persona humana.
El socialismo normaliza la confiscación de derechos y de las personas. Presenta este expolio como justicia social. El socialismo quiere apropiarse de todo. Y la persona y la sociedad son las víctimas.
Robo económico
Socialismo es robo económico porque elimina la propiedad privada, confisca el fruto del trabajo y destruye la libertad, la moral y la prosperidad de las naciones.
Cuando promueve la okupación legitima la usurpación de la propiedad privada, La propiedad privada resulta inviolable en cualquier sociedad civilizada. El socialismo la convierte en delito moral. Dinero, empresas, viviendas, hipotecas y ahorros constituyen propiedad.
Robo de derechos y principios morales
El socialismo no solo roba bienes materiales. También roba derechos y principios morales. Niega el derecho a defender la propiedad privada. Llama tiranía a la autodefensa económica. Esa visión distorsionada surge de un sistema educativo fallido. No enseña a prosperar, sino a depender del Estado.
El socialismo necesita dependencia. Sin víctimas fiscales, el sistema colapsa. Por eso impulsa impuestos abusivos y deuda permanente. El socialismo no crea riqueza. Vive del dinero ajeno hasta agotarlo. Cuando el dinero se acaba, llega el colapso. La historia lo demuestra sin excepción.
Además, el socialismo fomenta inmigración masiva, incluso ilegal, para ampliar su base electoral dependiente. Esa estrategia confirma su incapacidad productiva. No construye economías, solo administra ruinas.
El mantra socialista acusa al empresario de robar al trabajador. Crear empresas, asumir riesgos y generar empleo exige más esfuerzo que ejecutar una tarea concreta. Trabajador y empresario pactan salarios.
El socialismo como secta ideológica
El socialismo funciona como una secta ideológica y política. Exige devoción ideológica y obediencia emocional. Promueve líderes carismáticos que concentran poder y controlan el pensamiento del grupo. Utiliza propaganda constante para silenciar la crítica. Reprime la disidencia mediante presión social. La psicología sectaria explica su persistencia. Ofrece identidad y propósito en tiempos de incertidumbre.
Cuando alguien cuestiona la doctrina, aparecen arrebatos emocionales y violencia. Muchos socialistas buscan censurar la libertad de expresión. Pretenden silenciar al discrepante. Algunos ocupan cargos públicos y vulneran la ley para proteger la secta ideológica. Ese comportamiento define al lobo con piel de cordero.
El coste humano del socialismo
Más de 100 millones de personas murieron bajo regímenes socialistas y comunistas. No murieron en guerras. Murieron por hambre, ejecuciones, purgas, checas y campos de prisioneros.
Cuba representa un ejemplo actual. El socialismo destruyó su economía y aplastó sus libertades. Prometió igualdad y entregó miseria. Prometió justicia y creó opresión. El socialismo centraliza el poder. Sustituye una élite económica por una élite política.
El resultado siempre coincide: dictadura, pobreza, miedo y muerte. Elimina incentivos, destruye la innovación y sustituye el mercado por burócratas. Ese sistema conduce siempre al mismo final: colapso económico y represión.
Llamar al socialismo por su nombre
Socialismo es robo, control, colapso y muerte. Nunca ofrece gratuidad real. Todo tiene un coste humano. El socialismo debe reconocerse como una ideología dañina para la persona y la sociedad. Funciona como una secta política.
La historia ya dictó sentencia. Socialismo es robo y crimen. Y siempre lo será. Y es lo que tenemos en España.
