España no puede acostumbrarse a una hecatombe diaria | Jesús Aguilar Marina

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No sólo quieren incendiar, saquear y exterminar. Quieren hacerlo, además, con inapelable impunidad. Aunque los poetas y los historiadores tuvieran cien brazos y cien lenguas, y su voz —como apuntaba Virgilio— fuera de hierro, no podrían grabar ni enumerar todas las formas de la malevolencia socialcomunista.

El socialcomunismo es el reino de las Keres: tiranía, devastación, expolio y muerte violenta. Durante su reinado, tanto sus élites como sus hordas sectarias van alimentando con tragedias y venenos ideológicos la vida de sus súbditos y conciudadanos. En consecuencia, los sepulcros mantienen abierta permanentemente su boca opaca. Abusos, catástrofes y ruinas sin fin son sus frutos, mientras la orquesta de la propaganda hace sonar los somníferos instrumentos y los esclavos bailan como fantasmas hipnotizados.

Los fanáticos, los hombres y mujeres de alma mezquina, y la totalidad del espectro rojo, aplauden toda medida de abuso, traición y aniquilamiento, lo cual es prueba manifiesta de su radicalismo malevolente. La historia nos enseña que los políticos socialcomunistas, esto es, paranoicos, tienen tendencia a suicidarse finalmente junto con sus pueblos, arrastrándolos siempre a la ruina —moral y material— más absoluta.

La desolación, la miseria y la muerte no están nunca ociosas con el socialcomunismo. Con él, la Parca es un Fénix que burla las edades, siempre renaciente y renacido; siempre desenterrado. El socialcomunismo, con sus podridas y variopintas máscaras y sus nauseabundas excrecencias, es el siniestro homicida que recorre el mundo con su dalle, cercenando el cuello de la actual humanidad, esas muchedumbres que huyen de la vida sin saberlo, enseñadas a ansiar la muerte por el Satán sombrío.

El socialcomunismo es una siniestra figura ideológica, con dientes y garras, sedienta de sangre, que se alimenta de la propiedad privada y del dolor de su prójimo. Hijo de Satanás y morador del Tártaro, utiliza el fenómeno que el psicoanálisis conoce como «proyección», consistente en atribuir a los oponentes las psicopatías, los engaños, los vicios y los crímenes que los caracterizan y que son rechazados en ellos mismos.

La «proyección» señala un proceso psicológico que permite a una persona, a través de un cambio inconsciente, atribuir sus propios sentimientos, su propia índole, a otra persona. Pretenden convertir a los demás en ellos mismos, en cuanto a su naturaleza satánica, y acusan a los demás de las mismas ofensas con que ellos actúan y que llevan a cabo contra los adversarios.

Los socialcomunistas son mala gente, basura genuina. Su naturaleza, forjada en la codicia y en la envidia, es incompatible con la luz y la verdad. Como serpientes cautelosas vierten por infinitas bocas su ponzoña nociva. Dividen y exterminan a sus semejantes, y disfrutan expoliándolos y haciéndoles la vida imposible. De ahí su odio a la libertad, a la vida, a todo lo que tiene alma; sobre todo al esfuerzo personal y a la aristocracia del espíritu.

Nunca te los encontrarás en el camino de la felicidad, sino en el del infortunio. Nada de progreso; sólo cataclismos. Con ellos al timón, la patria es el mono de feria al que se golpea con incesante crueldad. Lo estamos comprobando diariamente, entre carnicerías sin cuento y amasijos de vísceras y almas devastadas. Salvarla de esta masacre cotidiana, de este dolor inútil que padece la patria, de esta red de comisionistas plutocráticos sin escrúpulos y de sus esbirros socialcomunistas requiere que alguien con poder y sentido del Estado desmantele sus demasías y sus lóbis y los lleve al banquillo donde se juzga el crimen.

Aunque cultural, social y políticamente son puntillos de íes y tildes de eñes, su extraordinaria maldad y su alevosía, utilizadas exclusivamente para la conquista del poder, les hace casi invencibles en el contubernio y en la insidia. Llevan el alma en pena. Tienen mala entraña, reconcentrada en malicia; son de casta de sabandijas, que todas pican que matan. Sus hordas son abreviaturas de personas, ruincillos de malas entrañas. Son renacidos gorrones de Salamanca, parásitos y vividores que haciéndose militantes rojos comen lo que los gobernantes honrados y justos hubieran ayunado.

Lo cierto es que los rojos nunca se han presentado adornados con el prestigio de la victoria, sino del despojo, del abuso y del crimen. Con una malévola impudicia, se sorprenden de que algunos jueces no les favorezcan por decreto. Es obvio que los socialcomunistas y sus amos, envalentonados como se hallan, se están sobrepasando en sus abominaciones contra España y los españoles. Es obvio, así mismo, que el pueblo, hasta ahora, ha aguantado sin rechistar la carga. La duda es, ¿por cuánto tiempo soportará el asno también la sobrecarga de tragedias que a partir de aquí —si se siguen olvidando y perdonando los vandalismos y las degollinas— podría hacerse eterna?

España no puede acostumbrarse a una hecatombe diaria. Necesita un líder —al frente de un grupo cohesionado de prohombres— que la libere de estos pretendidos salvadores del pueblo, a quienes la ruina de la patria les enriquece. Líder significa guía, jefe, conductor, persona que va delante enseñando con su tipo de vida un estilo superior de existencia. Esa es la tarea del educador: dirigir, orientar, descubrir lo mejor de lo que el ser humano es capaz, haciendo atractivo lo que es costoso, pero que merece la pena alcanzarlo.

Un dignatario a la cabeza de un conjunto de próceres que convenza a la multitud de que estamos en lucha contra un Sistema liberticida y contra sus sicarios rojos. Un líder decidido a detener la agonía de la patria, que haga sentir a la sociedad una necesidad de principios y de poderes nuevos. Los españoles de bien no pueden seguir alimentando con la médula de sus huesos y con su sangre a esta inmundicia, a esta monstruosa sanguijuela roja que conocemos como socialcomunismo.

Por el bien de España, por el bien de la humanidad, el socialcomunismo —y sus bifurcaciones— ha de ser combatido hasta que de él no quede ni un grano de arena.

Jesús Aguilar Marina  | Poeta, crítico, articulista y narrador


Tags: socialcomunismo, tiranía, propaganda, patria, decadencia, fanatismo, expolio

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