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Sirva de inicio la siguiente aseveración que se hace necesario señalar, al no ser bien conocida : los psicópatas no son enfermos mentales.
Por raro que resulte el comportamiento de estas personas, su modo de conducirse en la vida, su indiferencia ante las normas, su carencia de sentimientos, sus imprevisibles decisiones, su dudosa escala de valores, todo ello no es sino una exageración de alguna de las características de la personalidad, presentes en todos y cada uno de nosotros. Y tener algún rasgo de la personalidad demasiado desarrollado, no es patológico por muchos inconvenientes que pueda ocasionar, como no lo es, por ejemplo, medir dos metros de estatura.
Existen muchas clases de psicopatías, dependiendo del rasgo de la personalidad que se tenga hipertrofiado.
Una de las psicopatías más frecuentes es la de aquellos que tienen el rasgo narcisista de la personalidad tan desarrollado, que les anula las demás motivaciones necesarias para la convivencia en armonía con el resto de la sociedad. La necesidad de sentirse importantes y admirados, adquiere tal magnitud en estos individuos, que les lleva a interpretar algún tipo de papel para focalizar la atención de los demás sobre sí mismos, una interpretación que a menudo hacen creíble gracias a las dotes para la representación que suelen desarrollar.
En esta línea, para alcanzar puestos de relevancia, necesitan poseer dotes interpretativas lo suficientemente buenas como para que no se les note el engaño, la vacuidad que subyace en ellos, tanto mejores dotes cuanto más importante sea el escalafón al que aspiran llegar.
Para conseguir sus objetivos, estos psicópatas recurren sin el más mínimo pudor a cualquier tipo de procedimiento por ilegítimo que pueda ser; todo vale con tal de alcanzar notoriedad y poder, que, una vez logrados, les reafirma en la exagerada valoración que tienen de ellos mismos.
El juego sucio, las mentiras, las falsas promesas, dejarse chantajear en detrimento de su propio país y de sí mismos, así como las múltiples contradicciones en que incurren, no son obstáculos para estas personas, que, en el ruedo político, se enfrentan con ventaja ante los contrincantes normales, sin esa desviación de la personalidad, respetuosos con los principios y valores generales, con la ética y la moral e incapaces de transgredir los límites de la decencia.
Diversos estudios revelan que el porcentaje de psicopatías entre los políticos, está en torno al 33%. La explicación por tan alta proporción es clara: interviniendo en política y una vez conseguida notoriedad, estos personajes pueden evitar lo que más aborrecen, pasar desapercibidos, de modo que la política es la actividad que escogen a menudo los psicópatas narcisistas para llegar a convertirse en el centro de atención de millones de personas, lo que constituye el culmen de la felicidad para todos ellos, sabedores, por añadidura, que una vez alcanzado el poder podrán manipular en lo sucesivo a gran parte de la ciudadanía con el objetivo de satisfacer su insaciable necesidad de glorificación personal.
Un subgrupo de psicópatas histriónicos-narcisistas está constituido por los estafadores. Estos individuos se caracterizan por valerse de sus dotes interpretativas y de su buena apariencia personal para conseguir mentir y engañar de manera planificada. Gracias a esas dotes, los estafadores del ámbito de la política ofrecen a los ciudadanos incautos una mercancía tan fraudulenta como fácil de proponer, una mercancía que suele consistir en la promesa de la construcción de nuevas viviendas, dar mejores servicios públicos, precios de los alimentos y combustibles más bajos, mejores salarios y empleos, etc, etc, promesas que terminan incumpliendo, dado que carecen de la motivación necesaria para responder a sus propios compromisos y estar asimismo, desprovistos de los conocimientos generales y de gestión pública necesarios para alcanzar los objetivos que han propuesto.
El incumplimiento de esas promesas no son un problema para los psicópatas. Su incapacidad para la autocrítica así como su frialdad afectiva, sumados a la carencia de empatía, es decir, la incapacidad para ponerse en el lugar de los demás, les aleja por completo del sentir de los ciudadanos normales, a quienes, sin embargo, conocen y saben manipular perfectamente desde el más frío e interesado de los cálculos, sin experimentar por ello el más mínimo sentimiento de culpabilidad.
Un país democrático y culto debe dotarse de los necesarios filtros sociales, políticos e incluso legales para que individuos de estas características jamás lleguen al Poder. Adolfo Hitler fue uno de ellos, un caso típico de narcisismo y teatralidad, junto a la falta de escrúpulos y sin la más mínima ética ni moral.
¿Qué lo hizo posible? Uno de los factores más importantes fue, sin duda, que LOS PSICÓPATAS JUEGAN CON VENTAJA, al no atenerse a norma alguna y carecer de principios y valores, excepto para sí mismos. Necesario es saberlo para no repetir errores históricos.
Joaquín C. Sama Naharro | Especialista en Psiquiatría, Neurología y Medicina Familiar y Comunitaria.
Tags: Psicópatas, Narcisistas, Política, Manipulación, Personalidad, Poder, Fraude




