La eutanasia como salida de bajo coste para un sanchismo que apuesta por la cultura de la muerte

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La Sanidad en España sufre una decadencia estructural que las autoridades pretenden camuflar con propaganda ideológica. Los profesionales médicos afrontan una presión insoportable ante la falta de recursos, mientras la cultura de la muerte gana terreno en las instituciones públicas a pesar de las continuas advertencias de los comités de expertos y del propio sector sanitario. El Ejecutivo de Pedro Sánchez mantiene en el olvido la esperada y prometida ley nacional de cuidados paliativos. Una norma de este calibre debería acompañar, proteger y cuidar a los ciudadanos más indefensos en la etapa final de sus vidas. En vez de legislar para proteger la dignidad en la vulnerabilidad, el Gobierno central decidió en 2021 aprobar la eutanasia. Sin comentarios.

El estancamiento de una asistencia vital y la brecha del código postal

Los Cuidados Paliativos garantizan que los enfermos terminales sientan calma y compañía en sus últimos días. A pesar de los esfuerzos de los profesionales por dignificar esta especialidad, el abandono deliberado de un Ministerio de Sanidad sectario ahoga el sistema. En 2025, último año con registros oficiales, el 60 % de los pacientes que requería cuidados paliativos en nuestro país no logró acceder a ellos. La inacción política provoca que miles de ciudadanos afronten enfermedades avanzadas o terminales sin una asistencia paliativa integral que garantice su bienestar y el de sus familias.

La descentralización de las competencias sanitarias agrava todavía más la situación de los enfermos según su lugar de residencia. Esta prestación fundamental queda al arbitrio de las comunidades autónomas, lo que genera desequilibrios inaceptables.

La falta de formación médica

El problema de la atención al final de la vida radica, además de una necesaria voluntad política y en la asignación presupuestaria, también en el diseño de los planes de estudio universitarios. Los médicos salen de las facultades preparados solo para curar, pero están desnudos ante el dolor, la vulnerabilidad, el sufrimiento, la aceptación de la no curación, la honestidad, la escucha respetuosa, la muerte y el acompañamiento.

Las cifras de la ley de eutanasia y el triunfo de la cultura de la muerte

Mientras el Ejecutivo de Sánchez congela las partidas destinadas a mitigar el sufrimiento, las estadísticas de la ayuda médica para la eutanasia reflejan una tendencia al alza impulsada por las facilidades burocráticas. A lo largo del pasado año 2025, según los datos del Ministerio de Sanidad, 565 personas recibieron la eutanasia,

Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) en junio de 2021, un total de 1.668 personas han acabado con su vida mediante este procedimiento según El Debate. El balance provisional del ministerio muestra un incremento sostenido de las peticiones en los entornos hospitalarios. Los comités de evaluación autónomos han registrado un total acumulado de 3.716 solicitudes de ayuda para eutanasiarse, de las cuales 1.284 correspondieron exclusivamente al ejercicio de 2025.

Aunque para el departamento que dirige la comunista Mónica García estos números representen un supuestamente «derecho sanitario consolidado», la realidad esconde una dolorosa desatención social. Detrás de cada expediente administrativo se encuentran personas enfermas que no dispusieron de un acompañamiento integral al final de sus días. Muchos ciudadanos solicitaron terminar con su vida simplemente porque no podían soportar más el desamparo y el abandono institucional y desconocían las alternativas terapéuticas que ofrece una medicina paliativa de calidad, la cual el Gobierno prefiere racionar.

La perversión moral y económica del sanchismo sociosanitario

La radiografía de la atención al final de la vida en España se ha convertido en una de las mayores bajezas morales del sanchismo. El Gobierno de Pedro Sánchez ha diseñado de forma deliberada una trampa social perversa: negar de facto la financiación a los cuidados paliativos para empujar a los enfermos terminales más vulnerables hacia la vía rápida, barata e irrevocable de la eutanasia. Esta estrategia no es progreso, es una cruel liquidación de ciudadanos indefensos bajo el pretexto de una falsa compasión progresista. Ofrecer la muerte inyectada como la única prestación hospitalaria ágil, mientras se condena al dolor crónico y al olvido al 60% de los enfermos terminales, es un ejercicio de sadismo institucional intolerable.

Para la factoría ideológica de la Moncloa, el sufrimiento de un compatriota en sus días finales no merece una inversión en camas, analgésicos ni acompañamiento humano; representa únicamente un coste molesto para las arcas públicas. Resulta infinitamente más rentable para el balance económico del sanchismo tramitar un formulario de eutanasia que sostener una red nacional de cuidados paliativos que asista dignamente al enfermo y a su familia durante un tiempo. Es una extorsión estatal camuflada de falsa autonomía: cuando el Ministerio de Sanidad desmantela los recursos paliativos y cronifica la desatención, elimina por completo la libertad de elección del paciente.

El gobierno de la cultura de la muerte

La pasividad cómplice de Pedro Sánchez demuestra que su gabinete promueve los dogmas más oscuros de la cultura de la muerte, donde la vida humana pierde toda dignidad intrínseca si deja de ser productiva o si su cuidado resulta económicamente gravoso. El sanchismo está perpetrando la demolición moral del Estado del bienestar, sustituyendo el deber de proteger la salud y la vida por la siniestra comodidad de facilitar la eutanasia. España no puede tolerar un Ejecutivo que condena al tormento a miles de españoles para cuadrar sus prioridades ideológicas. Urge rebelarse contra esta deriva desalmada y exigir una ley nacional de cuidados paliativos real y dotada de fondos, garantizando que ningún español se vea obligado a pedir la muerte por el simple hecho de haber sido abandonado y traicionado por su propio Gobierno.


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