El nuevo tablero del Magreb: El acercamiento entre EE.UU, Marruecos e Israel reduce el poder y las ‘maniobras’ de España

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El nuevo tablero del Magreb: El acercamiento entre EE.UU, Marruecos e Israel reduce el poder y las ‘maniobras’ de España

Un escenario geopolítico cada vez más complejo se abre en el norte de África. La entrada masiva de miles de inmigrantes en Ceuta parece consolidar la posición internacional de Marruecos gracias a su estrecha cooperación con Estados Unidos e Israel. Ante esta situación, España busca el acercamiento a un socio clave como es Argelia en materia energética, migratoria y de estabilidad regional

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Pedro Sánchez da la mano a Tebboune junto a Trump, Netanyahu y Mohamed VI. - Montaje propio
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El Cierre Digital

Publicado: 05/08/2026 05:00

La reciente crisis migratoria en Ceuta ha vuelto a colocar el flanco sur de España en el centro del debate geopolítico. Más allá del episodio de la llegada de miles de personas desde Marruecos a España tras burlar la frontera, la situación que se produjo ha evidenciado un cambio de fondo que se viene gestando desde hace años: la consolidación de una convergencia estratégica entre Estados Unidos, Marruecos e Israel, tres actores que han reforzado su cooperación política, militar y económica y cuyo entendimiento condiciona cada vez más el equilibrio de poder en el norte de África.

En este nuevo escenario, España trata de mantener una posición de equilibrio cada vez más compleja. La reciente visita oficial de Pedro Sánchez a Argel y el acuerdo entre ambos países para impulsar una nueva etapa en su relación bilateral reflejan el acercamiento entre ambos países tras los años de tensión diplomática. Según diversos analistas, el acercamiento a Argelia responde no solo a razones energéticas, sino también al intento de España de preservar el equilibrio de sus relaciones con los dos principales actores del Magreb.

Un triángulo estratégico consolidado

La relación entre Rabat y Tel Aviv dio un salto cualitativo tras los Acuerdos de Abraham impulsados por la Administración de Donald Trump en el año 2020. A cambio de normalizar sus relaciones diplomáticas con Israel, Marruecos obtuvo el reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, un cambio que alteró el equilibrio diplomático en el Magreb.

La relación entre Rabat y Tel Aviv dio un salto tras los Acuerdos de Abraham impulsados por la Administración de Trump.
La relación entre Rabat y Tel Aviv dio un salto tras los Acuerdos de Abraham impulsados por la Administración de Trump. Europa Press

Desde entonces, la cooperación entre Marruecos e Israel se ha intensificado en ámbitos como la inteligencia, la ciberseguridad, la industria militar y el desarrollo tecnológico. Paralelamente, Washington ha mantenido a Rabat como uno de sus principales aliados estratégicos en el norte de África, tanto por su estabilidad política como por su posición geográfica en una región especialmente sensible para la seguridad occidental.

Aunque no existe una alianza militar formal entre los tres países, la convergencia de intereses ha reforzado la posición diplomática de Marruecos y ha ampliado su capacidad de influencia en la región respecto a años anteriores.

Marruecos refuerza su posición regional

El fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos e Israel ha coincidido con un importante proceso de modernización de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes. En los últimos años, Rabat ha incrementado su gasto en defensa mediante la adquisición de armamento estadounidense y sistemas tecnológicos israelíes, al tiempo que ha impulsado proyectos de cooperación industrial en el ámbito militar.

Primera reunión de la Comisión Interministerial para la preparación y organización del Mundial de Fútbol de 2030.
Primera reunión de la Comisión Interministerial para la preparación y organización del Mundial de Fútbol de 2030. Europa Press

Este proceso ha fortalecido la posición de Marruecos en cuestiones especialmente sensibles para España, como el Sáhara Occidental, la delimitación de los espacios marítimos, la cooperación en materia migratoria o la seguridad en el Estrecho de Gibraltar.

Al mismo tiempo, el acercamiento de varios socios occidentales a la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental ha consolidado el respaldo internacional a Rabat en este asunto, modificando el contexto diplomático en el que España desarrolla su política hacia la región.

El Mundial 2030, otro escenario de influencia

El creciente protagonismo de Marruecos en el ámbito internacional también tiene reflejo en otro ámbito de enorme relevancia política y económica: la organización del Mundial de fútbol de 2030, cuya candidatura comparten España, Portugal y Marruecos. La FIFA aún no ha confirmado oficialmente qué estadio albergará la final, pero el debate sobre la sede del encuentro decisivo ha adquirido especial importancia por las implicaciones políticas y diplomáticas que tendría para los tres países.

Las aspiraciones de Marruecos coinciden con el creciente protagonismo de Arabia Saudí en el fútbol internacional. En los últimos años, el reino saudí ha incrementado su presencia en este ámbito con inversiones en competiciones, clubes y patrocinios deportivos, además de haber sido designado sede del Mundial de 2034.

Varios migrantes en Ceuta, foto tomada el 1 de agosto de 2026.
Varios migrantes en Ceuta, foto tomada el 1 de agosto de 2026. Europa Press

En ese contexto, algunos analistas consideran que Marruecos afronta el debate sobre la sede de la final del Mundial de 2030 con una posición más favorable, en parte por su buena relación con Arabia Saudí y por el creciente peso que ambos países han adquirido en el panorama futbolístico internacional. Sin establecer una relación directa entre estos factores y la decisión que adopte la FIFA, el debate refleja hasta qué punto el deporte se ha convertido también en un escenario en el que confluyen intereses diplomáticos, económicos y estratégicos.

Ceuta como reflejo de un cambio más profundo

La reciente crisis migratoria en Ceuta trasciende el ámbito humanitario y policial y ha reabierto el debate sobre su dimensión geopolítica. Como ya ocurrió durante la crisis de 2021, la gestión de la frontera vuelve a situar en el centro de la atención las relaciones entre España y Marruecos y su impacto en cuestiones de seguridad, migración y política exterior.

Aunque no puede establecerse una relación directa entre los acontecimientos fronterizos y la política internacional de los aliados de Rabat, el creciente protagonismo de Marruecos en el ámbito regional constituye un elemento que diversos analistas tienen en cuenta al interpretar este tipo de episodios. La cooperación migratoria, el control de fronteras y la seguridad regional continúan siendo algunos de los principales ámbitos de la relación bilateral.

Para España, cuya frontera sur es también una frontera exterior de la Unión Europea, cualquier alteración en la relación bilateral con Marruecos tiene repercusiones inmediatas tanto en el plano político como en el de la gestión migratoria y la seguridad.

El giro hacia Argelia

En este contexto adquiere especial relevancia la decisión del Gobierno español de impulsar un acercamiento a Argelia. La reciente visita de Pedro Sánchez a Argel, en la que ambos países escenificaron la recuperación del diálogo político y acordaron reforzar la cooperación en ámbitos como la migración, la lucha contra el terrorismo, la cultura, la energía, la industria y las inversiones, marca una nueva etapa en una relación que atravesó un periodo de tensión tras el respaldo de España, en 2022, al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental.

El acercamiento está relacionado, entre otros factores, con la importancia de Argelia como proveedor energético. El país continúa siendo uno de los principales suministradores de gas natural a España y un socio relevante para garantizar la estabilidad del suministro en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.

La relación con Argelia también tiene una dimensión estratégica. La histórica rivalidad entre Argelia y Marruecos, marcada por sus posiciones enfrentadas sobre el Sáhara Occidental y por su competencia por la influencia en el Magreb, sitúa a ambos países en el centro del equilibrio geopolítico de la región y explica la importancia que ambos tienen para la política exterior española.

Una diplomacia obligada a hacer equilibrios

La posición de España resulta especialmente delicada porque sus principales intereses estratégicos se reparten entre actores enfrentados entre sí. Por un lado, necesita mantener una relación estable con Marruecos para garantizar la cooperación en inmigración, lucha antiterrorista y seguridad fronteriza. Por otro, Argelia continúa siendo uno de los principales proveedores de gas natural para España y el Gobierno ha impulsado un acercamiento a un socio con el que las relaciones se deterioraron durante los últimos años.

Al mismo tiempo, la estrecha relación de Estados Unidos con Marruecos y el fortalecimiento de la cooperación entre Rabat e Israel han contribuido a modificar el contexto diplomático en el que España desarrolla su política hacia el norte de África y el Sáhara Occidental. Este complejo entramado obliga a la diplomacia española a mantener un delicado ejercicio de equilibrio entre intereses muchas veces contrapuestos, evitando que el acercamiento a uno de los actores termine deteriorando la relación con los demás.

Un tablero en permanente transformación

La crisis de Ceuta ha servido para ilustrar que la política exterior española no debe entenderse únicamente desde la perspectiva bilateral con Marruecos. Detrás de cada episodio fronterizo se proyecta un contexto regional mucho más amplio en el que confluyen intereses energéticos, militares, económicos, deportivos y diplomáticos.

La creciente cooperación entre Estados Unidos, Marruecos e Israel, junto con la influencia creciente de Arabia Saudí en espacios de poder como el fútbol internacional, dibuja un escenario en el que Rabat ha reforzado su posición internacional. En paralelo, España ha intensificado sus contactos con Argelia con el objetivo de preservar el equilibrio de sus relaciones con los dos principales actores del Magreb, en un contexto marcado por el fortalecimiento de la posición internacional de Marruecos.

En un entorno marcado por alianzas cambiantes, rivalidades históricas y una creciente competencia por la influencia en el norte de África, España afronta el reto de mantener un equilibrio en sus relaciones con Marruecos y Argelia sin perder capacidad de interlocución con sus principales aliados occidentales.

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