Del euro digital al control de chat: el riesgo de la expansión de funciones | Javier Villamor

Infraestructura digital de la UE: Control

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Bruselas presenta el euro digital, la verificación de edad y el control de chats como soluciones independientes a problemas reales, pero en conjunto ponen de manifiesto quién controla la infraestructura digital que da forma a la vida cotidiana en Europa.

La Unión Europea está construyendo la arquitectura digital del futuro. No lo hace de golpe, ni bajo una sola ley. Lo hace por etapas: pagos, identidad, verificación de edad, moderación de contenido y comunicaciones privadas. Paso a paso, para que no salten las alarmas.

Cada nuevo componente del sistema viene acompañado de una justificación difícil de refutar a primera vista. El euro digital se presenta como soberanía monetaria. La verificación de edad se justifica por la protección infantil. El control de chat forma parte de la lucha contra el abuso sexual infantil. El problema no reside necesariamente en cada medida aislada, sino en la lógica acumulativa sobre la que se sustentan.

Un análisis reciente del euro digital planteó la cuestión en términos estratégicos: la soberanía en el siglo XXI ya no depende únicamente del territorio, la defensa o las instituciones políticas, sino de quién controla las infraestructuras que permiten el funcionamiento de la economía. El artículo sitúa al euro digital dentro de esa búsqueda europea de autonomía frente a los sistemas de pago privados o no europeos, desde Visa y Mastercard hasta Apple Pay o Google Pay.

Europa necesita reducir su dependencia externa. Ningún bloque serio puede dejar sus pagos, energía, materias primas o redes tecnológicas en manos extranjeras. Pero esa misma lógica adquiere un significado diferente cuando se traslada del ámbito financiero al de la identidad y la privacidad.

Ahí es donde surge el riesgo de lo que los expertos denominan «expansión de funciones «: una herramienta creada con un propósito legítimo termina por extenderse a otros usos.

La Comisión Europea anunció en abril que su nueva aplicación de verificación de edad está lista para su implementación. Permitirá a los usuarios demostrar su edad al acceder a plataformas digitales, se puede configurar con un pasaporte o documento de identidad, y algunos Estados miembros ya planean integrarla en sus monederos digitales nacionales. 

Una vez más, el argumento oficial es razonable: proteger a los menores de contenido dañino, diseños adictivos, acoso y depredadores sexuales. Nadie discute la necesidad de actuar. La cuestión es qué infraestructura se está implementando para lograrlo.

El control de chat lleva este debate al terreno más personal: las comunicaciones privadas. El 2 de julio , el Consejo de la UE adoptó su postura de restablecer una medida provisional que permite a los proveedores detectar y eliminar voluntariamente material de abuso sexual infantil mientras se negocia un marco legislativo permanente. El propio Consejo reconoce que se trata de una excepción a las normas de protección de datos en las comunicaciones electrónicas. Precisamente aquello por lo que se impusieron multas durante años ha sido ahora excluido de la ecuación en aras de la centralización y el control. 

Con este y otros cambios sucesivos, bajo el pretexto de la protección infantil, podría construirse una infraestructura de vigilancia digital que amenace la privacidad y la libertad de comunicación.

Primero, una excepción para menores. Luego, una excepción para delitos sexuales. Después, terrorismo. Más tarde, odio o desinformación. Finalmente, cualquier categoría que el poder político defina como riesgo público. No es necesario atribuir intenciones autoritarias a Bruselas hoy para advertir del peligro. Las infraestructuras perduran más allá de las intenciones de quienes las crean.

El euro digital plantea la cuestión de quién controla el dinero. La verificación de edad plantea la cuestión de quién controla el acceso. El control de chat plantea la cuestión de quién puede inspeccionar las conversaciones privadas. Por separado, cada debate parece técnico. En conjunto, el panorama es muy diferente.

La expansión descontrolada de funciones no requiere una revolución. Solo requiere paciencia, infraestructura y buenas excusas. Y Bruselas tiene de sobra.

Javier Villamor | periodista y analista


Tags: Bruselas, Euro, Privacidad, Control, Vigilancia, Europa, Tecnología

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