PNV y los proetarras de Bildu se alían para elevar las exigencias de euskera en el empleo público
Vascongadas asiste hoy a la consumación de una traición histórica contra la libertad y la igualdad de los ciudadanos. Lo que durante años se disfrazó de «fomento de la cultura» ha caído por fin su máscara, revelando una estrategia política implacable y coordinada. Los separatistas del PNV, en un ejercicio de supervivencia política y radicalización ideológica, han decidido unir sus fuerzas con los herederos del brazo político de ETA, los proetarras de EH Bildu, para asestar el golpe definitivo al español en la vida pública. El objetivo es tan nítido como perverso: convertir el euskera en un muro infranqueable que segregue a los ciudadanos y erradique el español de la Administración, expulsando de facto a cualquier vasco que no comulgue con el dogma lingüístico separatista.
La alianza de la exclusión: PNV y Bildu, el frente anti-español
El reciente impulso del PNV a la reforma de la Ley de Empleo Público no es un ajuste administrativo, es una declaración de guerra a la meritocracia y al español. Al acercar posturas con Bildu, el partido de Pradales ha abrazado las tesis más radicales de la izquierda abertzale. Esta pinza separatista busca blindar una Administración vasca donde la competencia profesional sea secundaria frente a la adhesión lingüística al euskera.
Para Bildu, la lengua es una herramienta de construcción nacional, un arma política para marcar territorio y expulsar lo que ellos consideran «elementos ajenos». Para el PNV, además de la afinidad, es el peaje que está dispuesto a pagar para mantener el poder, entregando los derechos de miles de ciudadanos a cambio de la bendición de los proetarras. Juntos, han diseñado un sistema donde el euskera deja de ser un valor cultural para convertirse en un salvoconducto ideológico, además de discriminatorio. Se trata de una purga encubierta: si no hablas euskera al nivel que ellos dicten, eres un ciudadano de segunda, sin derecho a servir a tu comunidad en el sector público.
El fraude de la «preceptividad diferida»: Una trampa legal
Uno de los puntos más insidiosos y perversos de esta reforma es la llamada «preceptividad diferida». Bajo este nombre eufemístico se esconde una trampa de ingeniería social. El mecanismo permite entrar en un puesto público sin el título de euskera, pero bajo la amenaza de despido o degradación si no se obtiene en un plazo determinado. Es, en la práctica, una espada de Damocles sobre la cabeza del funcionario.
Este sistema no busca la eficiencia administrativa, sino el control social. Convierte al trabajador público en un rehén de la política lingüística, obligándole a dedicar años de su vida a alcanzar niveles académicos de una lengua que, en muchas zonas de Álava o las Encartaciones, apenas tiene uso social real. Es una forma de tortura burocrática diseñada para que el castellanohablante desista, se rinda y abandone su aspiración de trabajar en su propia tierra. Con esta medida, el PNV y Bildu pretenden rodearse de una casta funcionarial dócil, unificada bajo un solo idioma y una sola ideología.
El fin de la igualdad: El euskera como barrera de clase y origen
La gravedad de este pacto reside en la demolición del principio constitucional de mérito y capacidad. El acceso a la función pública debe ser igual para todos los españoles, independientemente de su lengua materna. Sin embargo, la reforma de PNV y Bildu impone una discriminación por origen y lengua que rompe la cohesión nacional.
Al elevar las exigencias de euskera a niveles imposibles para gran parte de la población, se está creando una administración endogámica. El mensaje es claro: si vienes de otra parte de España, o si eres un vasco cuya lengua materna es el español (como la inmensa mayoría de la población), no tienes sitio aquí. Es un intento de limpieza administrativa que busca que médicos, policías, bomberos y administrativos sean elegidos por su dominio de una lengua minoritaria y no por su capacidad para salvar vidas o gestionar recursos. ¿Quién querrá venir a trabajar al País Vasco si el idioma se utiliza como una aduana ideológica?
Erradicar el español: El objetivo final del separatismo
No nos engañemos: el PNV y Bildu no quieren «proteger» el euskera; lo que quieren es expulsar el español de la esfera pública. Cada nueva exigencia lingüística es un metro de terreno ganado en su guerra contra la identidad común española. Al convertir el euskera en requisito obligatorio para casi cualquier plaza, están enviando al español al ámbito de lo privado, de lo secundario, de lo irrelevante.
Es un plan de ingeniería lingüística que ignora la realidad sociolingüística del País Vasco. Pretenden imponer por decreto lo que no logran por el uso natural de la gente. La alianza con los proetarras de Bildu aporta el componente de intimidación necesario: la lengua se convierte en el «RH lingüístico», una forma moderna de medir la pureza vasca. Quien defiende la libertad de usar el español es señalado como enemigo del pueblo o «colono», recuperando el lenguaje más oscuro de los años de plomo.
Una respuesta decidida frente al atropello
Este giro político del PNV hacia las posiciones separatistas extremistas de los proetarras de EH Bildu es una señal de alarma para toda España. No podemos permitir que una parte del territorio nacional se convierta en un coto privado donde se vulneren sistemáticamente los derechos de los ciudadanos por el simple hecho de hablar la lengua común.
El pacto PNV-Bildu es el acta de defunción de la igualdad de oportunidades en Vascongadas. Es una ofensiva contra el sentido común y contra la libertad individual, es un ataque contra la unidad de España. Si permitimos que el español sea erradicado de la vida pública vasca bajo el pretexto del «impulso lingüístico», estaremos permitiendo que el separatismo gane su batalla más importante: la de dividir a los españoles en ciudadanos de primera y de segunda según el idioma que hablen.
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