La ANC y otras entidades camuflan su declive convirtiendo Sant Jordi en una cruzada contra el español.
El separatismo radical intenta secuestrar la fiesta de la rosa
Los separatistas catalanes de la ANC y sus entidades satélites han lanzado una ofensiva para transformar la festividad de Sant Jordi en una nueva jornada de confrontación contra la unidad de España. Ante el evidente declive del separatismo en las calles, los radicales separatistas pretenden instrumentalizar una fiesta familiar y cultural para convertirla en una «cruzada» contra el español. Bajo el lema «Este Sant Jordi, rosa, libro y mani», la plataforma busca movilizar a una base social cada vez más desencantada con el proyecto rupturista. El objetivo real no es la cultura, sino utilizar la lengua catalana, una vez más, como herramienta de exclusión y división social en Cataluña.
Una estrategia para camuflar el fracaso de la ANC
La pérdida de influencia
La ANC manipula Sant Jordi para ocultar una realidad innegable: su estructura interna se desmorona. Las finanzas de la entidad han caído en picado debido a la fuga masiva de militantes y al fracaso en la venta de su «merchandising» político. Además, la gestión de Lluís Llach despierta fuertes críticas internas, provocando la dimisión de más de una decena de secretarios que le acusan de manipular los estatutos para perpetuarse en el poder. Esta «mani» es, en realidad, una cortina de humo para tapar sus guerras intestinas.
Descentralización por falta de convocatoria
Para evitar la imagen de plazas vacías en Barcelona, los organizadores han decidido «descentralizar» las protestas en seis ciudades: Barcelona, Gerona, Igualada, Manresa, Reus y Tortosa. Esta táctica busca atomizar los focos de protesta y maquillar la falta de músculo que antaño exhibían durante las Diadas del ‘procés’. Intentan proyectar una fuerza territorial que ya no poseen, mientras atacan al presidente Salvador Illa tildándolo de «virrey españolista».
La cruzada lingüística contra el derecho de las familias
El señalamiento del español en la vida pública
El discurso de los convocantes destila una odio y una peligrosa hostilidad hacia quienes ejercen su libertad de hablar en español. Alegan una supuesta «situación crítica» del catalán para imponer un modelo donde el español desaparezca del espacio público. Esta visión choca frontalmente con el derecho de las familias españolas a elegir la educación de sus hijos y a vivir en una sociedad donde se respete la realidad bilingüe de Cataluña sin «autoodio» ni complejos impuestos por la ingeniería social nacionalista.
La pinza entre la CUP y el Consell de la República
A esta movilización se han sumado partidos extremistas como los comunistas de la CUP, que defiende «vivir plenamente en catalán», un eufemismo que busca la erradicación de la lengua común de todos los españoles. La ANC actúa ahora en coalición oficiosa con el Consell de la República de Puigdemont, repartiéndose el trabajo: unos se encargan del activismo radical en las calles mientras los otros mantienen la ficción institucional desde el extranjero.
«La ANC instrumentaliza los sentimientos de los catalanes para ocultar que el proyecto separatista ha perdido el pulso de la calle y la confianza de sus propios militantes.»
El intento de la ANC de politizar una tradición tan arraigada es un ataque directo a la unidad de España y a la libertad cultural que representa.
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