¿Difiere de las de Irak, Libia o Siria?
1. Cuando la propaganda y el lenguaje pervertido consiguen hacer creer a la gran mayoría lo contrario de la verdad, es más importante alzar la voz cuanto se pueda contra la corriente.
2. La guerra de Irán nos plantea tres cuestiones básicas: a) ¿Tiene distinto carácter que las anteriores de Irak, Afganistan, Libia o Siria? b) ¿Puede derivar a una conflagración más general, incluso mundial, o con armas atómicasl? c) ¿En qué afecta a España e Hispanoamérica? Sin abordar estas cuestiones, todo se queda en alborotos infantiles de un lado o de otro, con peligro de vernos arrastrados contra nuestros intereses.
3. Empecemos por la primera cuestión: la guerra de Irak se habría hecho para liberar a los irakíes (y al mundo) de un genocida con armas de destrucción masiva, e instalar allí una democracia. Muchos lo creímos, más o menos. Creer hoy el mismo relato sobre Irán demostraría algo peor que una estupidez supina. Pero sabemos que la propaganda llega a convertir a personas inteligentes en perfectos idiotas, inmunes a la experiencia.
4. Cuando la guerra de Irak, la rápida victoria sobre Sadam Husein permitió olvidar, hasta cierto punto, lo de las “armas de destrucción masiva”. Pero con la destrucción de aquel régimen se convirtió al país en un estado fallido, en guerra civil semipermanente, en un foco de terrorismo y de invasión de Europa por masas de musulmanes. Al coste de cientos de miles de muertos y millones de desplazado. Mismo resultado en Libia o en Siria.
5. Cuando oigo justificar la guerra de Irán en nombre de los derechos humanos, la democracia o la libertad, me vienen inevitablemente a la cabeza estas experiencias. Cabría pensar que en Irak esas eran las intenciones, pero que salieron mal, como pasa con muchos planes. Sin embargo su repetición una y otra vez indica claramente que bajo las invocaciones a la libertad había otros intereses, y no es difícil verlos: la pretensión de asegurar a Israel rodeándola de estados fallidos, sumidos en la sangre y el caos. A mi juicio, ese es el designio criminal de un psicópata. y además ilusorio: puede tener éxito temporal, pero a medio plazo no impedirá que resurjan poderes cargados de un odio visceral a Israel. Netanyahu fomenta ese odio no solo en el entorno árabe o iraní, sino en gran parte del mundo, incluso en los países que más necesita Israel para sobrevivir. Por las circunstancias históricas de su nacimiento, Israel se ve obligada a mantener a raya a unos vecinos que desean su exterminio, pero una cosa es tener a raya, y otra destruirlos: Israel no puede intentar su destrucción sin destruirse a sí mismo.
6. En cuanto a la guerra de Irán, no solo no tiene relación con la democracia, sino que tampoco la seguridad de Israel estaba amenazada por ningún programa nuclear iraní. Es asunto de pura fuerza. Trump y Netanyahu han creído disponer de la suficiente para borrar a Irán del mapa en unos cuantos días. Si resulta así, la guerra parecerá a sus autores justificada, y además infligiría una derrota indirecta, pero muy dolorosa, a China y Rusia. Pero ya apenas comenzada está causando estragos no solo en toda la región, incluyendo a Israel, sino también en Europa y Asia, y el mal cálculo de Trump y Netanyahu se hace palpable. Han empezado a pasar de varios días a varias semanas y ahora de cien y más días e incluso a hablar de tropas sobre el terreno. Y arman a milicias kurdas, lo que solo puede alarmar a Turquía. Una guerra prolongada, al margen de su resultado, es ya una derrota no solo para Israel y Usa, sino para el prestigio político, militar y cultural de todo Occidente en un mundo que se siente cada vez más resentido, y también poderoso, contra la hegemonía occidental.
7. Hay aspectos secundarios que producen cierta repugnancia: atacar por dos veces en plenas negociaciones, como ha hecho Trump no deja de ser una traición. También bautizar “Furia épica” a una operación a base de misiles y destrucción desde el aire suena a pomposidad infantil. No es mucho mejor el “Rugido del león” Netanyahu. El mismo lenguaje empleado por Hegseth no tiene nada de épico, suena más bien a mafioso en su brutal crudeza.
8. Veamos otro enfoque: Las invocaciones a la democracia y los derechos humanos. Claro está que el régimen iraní no es democrático ni respeta los derechos humanos tal como los concebimos, pero utilizar ese hecho como justificación para reducir a países enteros al caos y la ruina exige una reconsideración del argumento y de su significado. La defensa de la democracia puede exigir la guerra, pero aquí no es el caso. Es claro que Usa, y mucho menos Israel, no van a embarcarse en una cruzada mundial contra los regímenes no democráticos: los estados de la peníncula arábiga nada tienen de democráticos y sin embargo son aliados tradicionales de Usa y la OTAN. Por no mencionar a Marruecos, tan especial para España. La cuestión de la democracia adquiere otra dimensión por su crisis en el propio Occidente: el caso Epstein es mucho más que un episodio localizado en Usa. Leo que algunos proponen llamar a esta guerra “La guerra de Epstein”, por la catadura moral de sus promotores, y vale la pena hacer u par de consideraciones:
a) Que Epstein fuera un agente del Mosad no ofrece muchas dudas, y que detrás de él estuviera Netanyahu, tampoco. Y la Clinton ha descrito una realidad: “Si me acusan, va conmigo medio Washington” Claro está que no toda la política de Usa se ha enfangado con Epstein, y que entre los propios epsteinianos hay muchas dudas y oposiciones a una guerra de tan dudoso resultado, pero la perversión moral de gran parte de las mal llamadas élites occidentales salta a la vista, por lo que hablar de una guerra de Epstein no deja de tener cierta realidad.
b) Trump ha atacado a Irán por presión de Netanyahu, haciéndole traicionar sus “seguras” promesas electorales de que no encendería otra guerra. Lo que dice mucho. Además, en las dos ocasiones trató de engañar a los iraníes en favor de Israel, atacando mientras estaban en curso las negociaciones, sacrificando el crédito de su diplomacia. En la guerra de los doce días el engaño funcionó al principio, pero en la segunda ocasión Irán reaccionó de inmediato. Y los bombardeos se están haciendo indiscriminados, recuerdan la táctica de Netanyahu en Gaza.
¿Hasta dónde llegará la guerra?
Pasemos a la segunda cuestión: ¿qué perspectivas tiene la guerra? ¿Podrá escalar hasta una conflagración nuclear?
1. Trump ha cometido tres pecados políticos de extrema gravedad: haber traicionado su “segura promesa” de no promover más guerras; haber lanzado el ataque traicionando unas negociaciones en las que Irán ofrecía más concesiones que nunca; y sobre todo, si queremos ponernos cínicos, haber calculado tan mal la fuerza y resolución de Irán.
2. Descartando los pretextos sobre derechos humanos, arma nuclear, etc., el ataque de Trump y Netanyahu colocan a Irán en una crisis existencial, ya que lo que puede esperar de la derrota es el destino de Irak, Siria o Libia. ¿Se trata a su vez de una guerra existencial para Israel, y que por ello se ha lanzado y ha lanzado a Trump a es aventura? Irán ( y no solo Irán) era una amenaza permanente para Israel, pero distaba mucho de ser un peligro inminente. La motivación de Netanyahu parece más bien la de proseguir la racha de éxitos con Irak, etc., (dejo aquí aparte posibles motivaciones de tipo religioso-místico). Él creía, y lo decía, que no le sería difícil acabar con Irán, pero si el cálculo le sale al revés, cosa nada imposible según vamos viendo, sería Israel quien se encontrase en riesgo de extinción.
3. A su vez, el aplastamiento de Irán supondría para Trump la demostración de un poder invencible, e indirectamente una derrota estratégica para China y Rusia. Pero, nuevamente, si el cálculo le sale mal, Usa se empantanaría y desprestigiaría en una acción prolongada, de la que China y Rusia saldrían beneficiadas apoyando a Irán sin tener que implicarse de hoz y coz.
4. La estrategia de Netanyahu, seguida por Trump, consiste en combinar la destrucción de infraestructuras militares y económicas con el asesinato de los jefes militares y civiles, lo cual debería haber resuelto el asunto en pocos días. Sin embargo no está saliendo bien: la decisión y capacidad misilística de Irán son mucho más fuertes de lo previsto. Los ataques useños e israelíes no han impedido a Irán destruir en cuatro días las costosísimas bases e instalaciones militares useñas en Oriente Próximo, y castigar incesantemente a Israel. Por lo cual las presunciones de acabar con Irán en pocos días se han ampliado a unas cuantas semanas, y a tres y más meses. En realidad, la guerra podría alargarse indefinidamente, a un coste económico tremendo, con incontables víctimas, también useñas e israelíes, lo que en sí mismo supondría un crudo revés para Usa e Israel.
5. Los éxitos de Irán, quizá pasajeros, tienen efectos políticos y económicos intensos. Políticamente, obligan a los países árabes del entorno a plantearse si su alianza con Usa les protege y les conviene, lo que podría expulsar de la region el poder militar useño. Y el cierre del estrecho de Ormuz está alterando la economía de muchos países, en particular de aliados de Usa como Japón o Corea del Sur, o de Israel como India. Y para las monarquías arábigas no solo supone el cierre de sus fuentes de riqueza, sino también del suministro de alimentos. Otro blanco de la acción iraní es la destrucción de archivos y bases de datos militares y comerciales asentados en los países del Golfo, lo que provoca caos administrarivo más allá de la región. Irán amenaza también con atacar a empresas y particulares de la zona que compren deuda useña, afectando al sistema de los petrodólares. Si Usa no lograra revertir esta situación en poco tiempo, y no parece que vaya a lograrlo, el panorama se volvería dramático para algunos países. A Rusia, en cambio, le beneficia, pues su petróleo y gas se vuelven mucho más necesarios y caros. Todo esto tampoco parece haber sido calculado por los estrategas de Trump y Netanyahu.
6. Ante tales contratiempos, Trump vacila en su estrategia, considerando una invasión de Irán, o el armamento de milicias separatistas kurdas y otras, los golpes de falsa bandera para complicar a otros países como Azaberbayán o Turquía… O se jacta de un poder militar invencible, que le permitiría arrasar a Irán día y noche hasta que “no tenga a nadie ni a nada con lo que luchar”. Posiblemente lo lograría, pero no parece que fuera en un plazo corto, y entre tanto cambiarían muchas situaciones: China y Rusia podrían implicarse más directamente, llegando a una tercera guerra mundial; o incluso Turquía, a la que ya amenazan algunas voces israelíes como siguente objetivo una vez se acabe con Irán; y siempre surgen factores imponderables, mientras que en la propia Usa, ya dividida en bandos antagónicos, la resistencia a Trump, también en sus propias filas.
7. Las repercusiones de un escenario tan complejo afectan al mundo entero. China y Rusia no pueden aceptar la derrota de su aliado, de modo que, aun sin entrar en la lucha, lo apoyarán a fondo, alargando el conflicto al modo como lo hace la UE-OTAN con Ucrania, desgastando así tanto la capacidad como el prestigio militar y político de Usa. El desprestigio afecta asimismo a la UE, de hecho un satélite de Washington, y ello, debe señalarse, en una época de surgimiento de una nueva superpotencia y de grandes potencias regionales resentidas con Occidente. Así, Trump y Netanyahu no pueden permitirse perder la guerra, pero su prolongación se hará costosísima y se parecerá mucho a una derrota.
8. Para Israel, como decíamos, su aventurada agresión le coloca en un agudo peligro existencial. Los misiles iraníes traspasan sus cúpulas “de hierro” y causan daños que la censura impide valorar, pero que, como prueba la misma censura, deben ser en extremo dolorosos. En posición similar, Irán ha advertido que empleará sus últimos proyectiles contra la base de Dimona, donde Israel guarda su armamento nuclear, lo que provocaría una catástrofe inimaginable. Se ha hablado de que Israel podría inmolarse al modo de Sansón y los filisteos, una idea especialmente alucinada y que no suena factible, pero que indica el callejón sin salida por el que se está avanzando.
9. En estas circunstancias no se presenta otra opción no catastrófica que buscar un acuerdo en el que Trump y Netanyahu, sus países y el propio Occidente salvasen la cara o algo de ella, aunque desde luego saldrían bastante malparados, pues incluso el coste de una victoria sería abrumador. Porque la alternativa es mucho peor para todo el mundo. Lo más grave de esta innecesaria y mal calculada guerra es que sus consecuencias recaerán muy negativamente sobre todo Occidente, y nosotros somos parte de Occidente.
Pasaremos luego a ocuparnos de la tercera cuestión planteada: las repercusiones para España
Pío Moa | historiador y escritor
Tags: Irán, Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Irak, Geopolítica, Israel, Estados fallidos, Furia Épica, Guerra asimétrica, Oriente Medio.




