Cicerón ya lo vio venir: el tirano que vende España por cuatro años más en Moncloa Cicerón lo denunció hace más de dos mil años con una frase que hoy duele como un puñetazo: “No hay nada tan detestable como aquel que, por ambición de mando, se convierte en el enemigo de su propia patria y destruye sus leyes para mantenerse en la cumbre”.
Sustituyan “Catilina” por Pedro Sánchez y verán que la historia se repite. El mismo esquema, la misma ambición ciega, el mismo desprecio por España.
1. La ambición desmedida de mando
Sánchez no gobierna: sobrevive. Perdió las elecciones y se agarró al poder con uñas y dientes pactando con separatistas, filoterroristas y comunistas. Amnistía a los golpistas, indultos, cesiones de soberanía… Todo vale con tal de no bajar de Moncloa. Cicerón lo llamaría “ambición de mando”. Nosotros lo llamamos traición calculada.
2. Enemigo de su propia patria
Ahora lo estamos viendo en directo con Donald Trump. Mientras Estados Unidos e Israel responden al régimen iraní, Sánchez prohíbe a las bases de Rota y Morón su uso operativo y grita “¡No a la guerra!” como si estuviéramos en 2003 contra Aznar. Ignora que Trump amenaza con romper el comercio bilateral, llama a España “aliado terrible” y avisa de embargo. Sánchez responde con soberbia: “No practicaremos seguidismo ciego”. Traducción: prefiere aislar a España y poner en riesgo empleos, energía y seguridad antes que ceder un milímetro. ¿Defensa de la paz? No. Puro cálculo electoral. Sabe que su base abstencionista de izquierdas se moviliza con banderas de “No a la guerra”. Es su última baza antes de que el hartazgo general lo barra.
3. Destructor de las leyes para mantenerse en la cumbre
La Constitución, el Poder Judicial, la separación de poderes… todo se dobla o se rompe si estorba. La ley de amnistía es el ejemplo perfecto: un atropello constitucional hecho a medida para comprar siete votos de ERC. Los jueces denuncian lawfare, la Fiscalía se politiza, el CGPJ sigue bloqueado. Cicerón advertía que el tirano destruye las leyes para no caer. Sánchez lo hace cada día desde 2018.
España no es un botín personal. No podemos permitir que un presidente convierta nuestra patria en moneda de cambio para seguir mandando. Cicerón salvó Roma denunciando a Catilina. Hoy toca a los españoles denunciar a Sánchez antes de que destruya lo que queda de nuestra soberanía, nuestra unidad y nuestro prestigio internacional.
Porque, como dijo el romano, nada es tan detestable como el ambicioso que prefiere su sillón a su país. Y Sánchez ya ha elegido.
Alfonso P. Sanz | Jurista y escritor
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