La Unión Europea impone el aborto y la ideología de género en su política exterior tras la aprobación de un informe del Parlamento Europeo que chantajea y obliga a terceros países a aceptar la ideología de género a cambio de ayuda.
Una agenda ideológica impuesta desde Bruselas
La pasada semana el Parlamento Europeo aprobó su informe anual sobre derechos humanos y democracia en el mundo. El documento confirma que Bruselas impone el aborto y la ideología de género como dogma político dentro y fuera de Europa. La resolución legitima el chantaje y la imposición ideológica de la ideología de género y la agenda ‘woke’.
El texto fija como uno de sus pilares los llamados “derechos sexuales y reproductivos”. Bajo ese eufemismo, el Parlamento Europeo exige que el aborto legal, seguro y gratuito se integre en la acción exterior de la Unión Europea. El informe incluso califica la negativa a practicar abortos como una forma de “violencia de género”.
Esta formulación revela que Bruselas impone el aborto no como un debate moral o sanitario, sino como una obligación política. Los países que reciben fondos europeos deben aceptar esta visión. Un chantaje en toda regla. El documento convierte la ayuda humanitaria en un instrumento de presión ideológica.
La Eurocámara exige una “condicionalidad operativa”. Este mecanismo permite suspender fondos, acuerdos y proyectos de cooperación si un Estado no acepta la agenda abortista o la imposición de la ideología de género en sus sistemas educativos.
Chantaje político y control institucional
La estrategia de la Unión Europea que impone el aborto y la ideología de género va más allá de la retórica. El informe pide que los países creen “instituciones nacionales independientes de derechos humanos”. Estas entidades recibirán presupuestos estables, supervisión internacional y participación directa de colectivos LGTBI y grupos feministas.
Este diseño traslada el poder desde los parlamentos nacionales hacia estructuras ideológicas financiadas desde Bruselas. La gobernanza deja de responder a la voluntad popular y pasa a manos de radicales de extrema izquierda lgtbi y de género.
El documento también aborda los vientres de alquiler. Reconoce que esta práctica puede constituir trata de seres humanos cuando se realiza en terceros países o con fines comerciales. Sin embargo, no propone ninguna prohibición dentro de la Unión Europea. Esa omisión legitima la explotación reproductiva en territorio comunitario.
Mientras el Parlamento impone aborto y defiende la ideología de género, el informe dedica decenas de páginas a la situación de colectivos LGTBI, minorías étnicas y casos de antisemitismo e islamofobia.
Sin embargo, no menciona de forma específica a los cristianos perseguidos. Uno de cada siete cristianos sufre persecución grave en el mundo. A pesar de esa realidad, el informe no dedica una sección específica a esta tragedia.
Censura digital y persecución del disenso
El informe también aborda la lucha contra la llamada “desinformación”, esto es, la represión y persecución de la libertad de expresión. La resolución justifica sistemas digitales para vigilar contenidos, sobre todo en contextos electorales. Promueve el uso de verificadores de hechos y exige a las redes sociales que eliminen mensajes considerados “nocivos”.
Bajo este marco, la Unión Europea vigila cualquier crítica a la ideología de género, a la inmigración masiva o a la agenda izquierdista y globalista. La resolución insta a supervisar organizaciones extranjeras, fundaciones y hasta entidades religiosas.
Esta política crea una censura preventiva. La UE no protege la libertad de expresión. Es más, la persigue. Controla el discurso público para blindar su proyecto ideológico.
