Estados Unidos apaga la farsa climática al abandonar IPCC y CMNUCC, cortar la financiación global y dejar sin respirador económico al negocio del alarmismo climático.
Cuando se acaban los fondos, los discursos se ajustan. Cuando la energía se encarece, la ideología retrocede.
EEUU corta el grifo y el dogma tiembla
Estados Unidos ha decidido apagar la farsa climática. Tal como señala la experta y Doctora en Química Orgánica, Ana Hernández, en un excelente artículo, un memorando presidencial, directo y sin retórica, ordena la salida inmediata del IPCC y de la Convención Marco de la ONU.
La decisión implica algo esencial: EEUU deja de financiar la gran arquitectura del alarmismo climático global. El mayor patrocinador histórico se marcha y deja de financiarlo.
El planeta sigue girando. Sin embargo, en redacciones, ONGs y consultoras verdes salta la alarma. No por el clima, sino por la caja. Durante tres décadas, el dogma climático vivió bajo patrocinio estadounidense. Hoy, por primera vez, ese respaldo desaparece. El consenso deja de ser incuestionable.
El argumento oficial resulta claro y político. Estas estructuras perjudican los intereses de Estados Unidos y condicionan su política energética y económica.
Apagar la farsa climática no responde a debates metafísicos. Responde a soberanía nacional, control presupuestario y realismo geopolítico.
Sin dólares no hay religión climática
El memorando firmado en enero de 2026 ordena la retirada de decenas de organismos internacionales. Entre ellos figuran los dos tótems del sistema climático global: IPCC y CMNUCC. La salida implica dejar de participar y dejar de pagar. Sin cheques estadounidenses, paneles, secretarías y redes de expertos entran en dieta forzosa.
Durante años, esta estructura funcionó como una pirámide. Informes, conferencias, mercados de carbono y consultorías dependían del dinero público. Al apagar la farsa climática, EEUU deja al sistema sin respirador. El término “chiringuito” adquiere ahora un sentido literal.
Para los arquitectos del consenso climático, la decisión supone un terremoto institucional. Para el resto del mundo, la liberación de un dogmatismo falso y artificial. El mensaje resulta inequívoco:. El dogma ya no goza de inmunidad política ni financiera.
Medios nerviosos y negocio al descubierto
La reacción mediática revela mucho. Los grandes titulares no lloran por el planeta. Lloran por la “riqueza perdida” de las energías limpias. Numerosos artículos lamentan que las empresas estadounidenses pierdan “empleos, comercio y mercado” en la economía verde. El clima pasa a segundo plano.
Durante años, la transición se vendió como sacrificio moral. Hoy se descubre que el centro del debate siempre fue la caja registradora. Al apagar la farsa climática, el relato muta. El periodismo ya no defiende tanto la ciencia como la rentabilidad del modelo subvencionado.
Cuando peligra el negocio, el tono se vuelve histérico. El lapsus resulta transparente y profundamente revelador.
España y el ejemplo Forestalia
En España, tal como señala Ana Hernández, el discurso de la “riqueza verde” tiene ejemplos claros. Forestalia simboliza ese modelo de negocio climático bien conectado al poder político. Proyectos eólicos y solares se adjudican, se revenden y se capitalizan mediante sociedades instrumentales. El relato habla de progreso rural y empleo sostenible.
La realidad muestra territorios industrializados, paisaje fragmentado y beneficios privados concentrados. La electricidad ni siquiera se queda en la región.
Al apagar la farsa climática global, muchas burbujas locales quedan expuestas. Sin respaldo internacional, el relato pierde fuerza y credibilidad.
La riqueza existe, pero no se reparte. Se concentra en quienes gestionan concesiones, no en quienes conviven con aerogeneradores.
Los realistas climáticos celebran el cambio
Mientras los medios se inquietan, otras voces celebran el cambio de ciclo. Cinco organizaciones estadounidenses han señalado 2025 como punto de inflexión en un manifiesto. La Asociación de Realistas Climáticos en España respalda el manifiesto.
El documento enumera hechos claros. Gobiernos priorizan energía asequible. Empresas admiten que el “cero neto” no resulta viable. Las encuestas muestran que la población no percibe el clima como amenaza inmediata. Las conferencias internacionales evitan ya demonizar combustibles fósiles.
La retirada de Estados Unidos no causa el cambio. Lo refleja. El relato ha agotado su credibilidad social y política.
Menos dogma y más realidad
Al apagar la farsa climática, Estados Unidos rompe un monopolio narrativo de treinta años. El consenso deja de ser irreversible. Cuando se acaban los fondos, los discursos se ajustan. Cuando la energía se encarece, la ideología retrocede.
No asistimos al fin del cuidado ambiental. Asistimos al fin de su explotación política y económica. La conclusión es sencilla: España debe tomar nota. Más realidad, menos dogma. Más soberanía, menos pseudo religión climática subvencionada.



