El fanatismo climático del Gobierno de Sánchez derriba una presa histórica de 500 años en Segovia

El derribo de una presa histórica de 500 años en Segovia confirma el fanatismo climático del Gobierno de Sánchez, actuar de acuerdo a la agenda 2030 y su desprecio por el patrimonio y el mundo rural.

Ideología contra patrimonio

El derribo de la presa en Segovia marca un nuevo episodio del fanatismo climático del Gobierno de Pedro Sánchez. El Ejecutivo ejecutó de madrugada la demolición de una presa histórica con más de 500 años de antigüedad en Veganzones, sin aviso previo y tras prometer su restauración.

La actuación provocó indignación inmediata entre vecinos, asociaciones patrimonialistas y colectivos rurales. Muchos despertaron con la infraestructura destruida, sin explicaciones oficiales y sin margen de reacción. El derribo de la presa histórica en Segovia no fue un accidente ni un error técnico. Respondió a una forma de gobernar que desprecia el arraigo, la historia y la palabra dada.

La presa formaba parte del paisaje tradicional e histórico del municipio. Durante siglos reguló el caudal, permitió el riego y sostuvo la actividad agrícola local. Su presencia integró patrimonio, utilidad y memoria colectiva. El Gobierno decidió borrar todo eso en una noche.

Este hecho confirma una pauta conocida. El Ejecutivo socialista de Sánchez aplica su agenda fanática climática 2030 con criterios ideológicos, sin diálogo y sin respeto por el mundo rural. El derribo de la presa en Segovia se suma a una larga lista de decisiones impuestas desde despachos lejanos.

Promesas incumplidas y opacidad institucional

El derribo de esta presa histórica resulta aún más grave por el incumplimiento explícito de compromisos previos. Los vecinos recuerdan promesas claras de restauración por parte de organismos dependientes del Ministerio competente en agua y medio ambiente.

Esos compromisos reconocían el valor histórico de la infraestructura y su compatibilidad con el cauce. Nadie habló de demolición. Nadie informó de una actuación nocturna con maquinaria pesada. El Gobierno mintió y actuó a escondidas.

La falta de transparencia agrava el conflicto. Las autoridades no avisaron a los propietarios colindantes ni a las entidades locales. Ejecutaron la demolición en horario nocturno para evitar protestas y presencia vecinal. El derribo de la presa se planificó para silenciar la oposición vecinal. Cuando un Gobierno promete restaurar y termina destruyendo, rompe algo más que piedra. Rompe la credibilidad.

Este episodio revela cómo el fanatismo climático sacrifica patrimonio y cohesión social. El Ejecutivo actúa sin explicar criterios técnicos ni alternativas. Decide y ejecuta. Luego guarda silencio. Es lo propio de los tiranos.

El ataque al mundo rural y a la España histórica

El derribo de la presa en Segovia refleja una política sistemática contra las infraestructuras tradicionales del medio rural. Bajo la excusa de criterios ambientales, el Gobierno elimina presas, azudes y canales históricos sin valorar su función ambiental, social y cultural. Es pura ideología sectaria climática.

El patrimonio hidráulico no representa un obstáculo ambiental, ni mucho menos. Muchas de estas infraestructuras conviven con el entorno desde hace siglos. El problema no reside en la presa. El problema reside en una ideología que rechaza todo lo que huela a tradición, uso humano del territorio o legado histórico.

El fanatismo climático no puede justificarlo todo. España necesita políticas ambientales sensatas, compatibles con la tradición, la agricultura y la vida rural. El derribo de la presa histórica con más de 500 años de antigüedad en Segovia marca una línea roja.

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