Política, políticos y politicastros (III) | Luis David Bernaldo de Quirós

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Como ya sabrán, y como ya hemos dicho en otras ocasiones, esta impresentable España está invadida y cubierta de cantos de sirena, de cuentos de hadas y de cortinas de humo, amén de hacer predominar y despuntar enfoques y perspectivas personales, amén también de lucir deseos con el fin de despistar, desorientar, desconcertar, etc.

Por mucho que se hable del “pueblo soberano”, los intereses colectivos prácticamente no cuentan para nada, salvo cuando se pide y se recurre al asunto con el objeto de salir a la palestra para conseguir momios, sinecuras, prebendas, canonjías y privilegios, ya que lo verdaderamente importante es, una vez conseguid el poder, mantenerse en él sea como sea haciendo gala de ideologías dogmáticas e intransigentes.

A pesar de dichas ideologías, hay una enorme diferencia y separación entre la jerga de las proclamas, peroratas, discursos, alocuciones, etc., con grandes declaraciones y afirmaciones públicas ataviadas y decoradas con una verborrea llena de demagogia y logomaquia, y las ofertas, quimeras y promesas políticas. El populismo es el populismo, oiga.

Lo que verdaderamente interesa y quiere el pueblo, no es la mentada verborrea vacía y trivial, sino ideas claras, hechos precisos, cabales y concretos, amén de contextos, situaciones y circunstancias ciertas y evidentes, dando una patada a lo oculto y esotérico, y a lo ambiguo y a lo impreciso. También le interesa al pueblo que haya diseños y proyectos claros, amén de correcta información, claridad y nitidez en los asuntos estatales.

Pero claro, oiga, eso es como pedir peras al “horno”, que diría un votante sociata. Las influencias y predominios personales, casi todos ellos preñados de amistades y cariños encantados y fascinados, pululan a campo abierto dentro de “los muros de la Patria mía”. La verdad es que los asuntos se resuelven y solventan en cuadrillas, decidiendo solucionar los problemas según los intereses y provechos personales que más convengan.

En fin, es necesario e imperioso acabar con todo esto, y acabar también con ciertos personajes que, al más puro estilo gramsciano, distraen con sus falsos argumentos al “pueblo soberano” con sus fuegos artificiales y cortinas de humo.

Continuará…

Luis David Bernaldo de Quirós Arias | Escritor

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