“El terror bajo Lenin” | Luis David Bernaldo de Quirós

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Así se intitula el libro de Jacques Baynac, Tusquets Editor, Barcelona 1977, 339 páginas, con bibliografía incluida. Como estamos en tiempos de “recuperación de la memoria histórica”, vamos a ello, oiga.

Mucho se ha escrito, y se seguirá escribiendo, sobre Lenin. Algunos de sus defensores, influenciados por la apologética filosovietista practicada por el Partido Comunista, y que nunca han vivido bajo la férula leninista, lo consideran un genio (Pablo Iglesias Turrión dixit), y el personaje más importante del siglo XX, como dijo también un pedante infumable comunista que conocimos personalmente.  Otros, sus detractores, dicen que fue uno de los hombres más despiadados y sanguinarios de la historia de la Humanidad.

Evidentemente, las opiniones de defensores y detractores tienen poco peso y no arrojan mucha luz, sobre todo cuando esas opiniones se emiten desde Occidente por sujetos, “sujetas” y “sujetes” que viven con gran opulencia, y que están cómodamente sentados en bibliotecas, tribunas, etc., sin haber vivido jamás ni un minuto en ningún país comunista.

Sí la arrojan las personas que le conocieron y las que ocuparon altos cargos en el PCUS, como Trotsky, Dimitri Volkogonov, Yuri Kariakin, Mijail Voslensky, el médico de la NKVD José Landowsky, S. P. Melgunov, etc. También arrojan luz las opiniones de otras personas que en su día fueron marxistas-leninistas, o simpatizantes, y que renegaron de la “gran mentira”. Tal sería el caso de los Huber Matos, Jorge Masetti, Ileana de la Guardia, Zhigniew Bjzezinski, César Leante, Carlos Franqui, Norberto Fuentes, Vasili Mitrokhin, Kravchenko, Nina Berberova, Karel Bartosek Pavel Sudoplatov (este cuenta las atrocidades, pero sin arrepentirse), Boris Souvarine, Pío Moa, Carlos Semprún Maura, Francisco Félix Montiel, Enrique María Matorras, Enrique Castro Delgado, André Frossard, François Furet, Jean François Revel, André Gide, Douglas Hyde, Bertrand Russell, Orlando Figes, etc, etc. Algunos pidieron perdón por haber colaborado con el comunismo y, otros, se sienten avergonzados por haber sido “apparatchik”, es decir, asalariados del PCE y “soldado de Stalin en Madrid”, deseando “con particular satisfacción ver hundirse aún más a los comunistas”.

Otros ex marxistas denuncian el trato que reciben por la propaganda comunistas al ser condenados “como nazis rabiosos a todos los que fuimos y somos anticomunistas por amor a la libertad, sencillamente”. Otros se autoincluyen en el conjunto de los “ilusos-ilusionados que construyeron el espejismo del comunismo”. Otros, remordiéndoles la conciencia, exclamaron: “Tengo que decir la verdad”. Algunos decían que uno de los mayores misterios del marxismo estaba en la desproporción que existía entre el breve tiempo y la poca densidad de las ideas que entraban en el cerebro, y lo que luego demoraba deshacerse de las ingentes cantidades de detritus que se habían acumulado: “en dos meses te haces marxista y luego estás veinte años sacando porquería”.

Trotsky, que fue uno de los personajes que más usó el terror, como lo demuestra en su libro “Terrorismo y comunismo”, cuenta cómo Lenin decía: “¿creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”

En esta obra “El terror bajo Lenin”, escrita por Jacques Baynac en colaboración con Alexandre Skirda y Charles Urjewicz, se pueden leer las siguientes palabras de Lenin: “Cuando la gente nos censura por nuestra crueldad, nos preguntamos cómo pueden olvidar los principios más elementales del marxismo”. (Pravda, 26 de Octubre de 1918).

Asimismo, en la página 69 se lee: “No hacemos la guerra contra las personas en particular, escribe Latzis en El Terror rojo de 1 de noviembre de 1,918. Nosotros exterminamos la burguesía como clase. No busquéis en el curso de las investigaciones documentos y pruebas sobre lo que el acusado ha hecho, en actos o en palabras, contra la autoridad soviética. La primera pregunta que debéis hacerle es a qué clase pertenece, cuáles son sus orígenes, su educación, su instrucción, su profesión. En este espíritu es donde reside la esencia del terror rojo”.

 En la página 144, y bajo el título de “Las masacres de Astrakan”, se puede ver como en marzo de 1.919 el régimen comunista asesinó a miles de obreros hambrientos en Astrakán.

En la página 101, con motivo de la publicación de un bando por parte del enviado de la checa, K. Lander, en la población de Kubán y del litoral del Mar Negro, en el apartado 4 se lee: “En caso de ataque general contra pueblos y ciudades, nos veremos obligados a aplicar en estas zonas el terror de masas: por cada agente soviético muerto serán ejecutados centenares de habitantes de estas aldeas y pueblos . . .”.

“La mano vengadora del poder soviético barrerá sin piedad a todos los enemigos”. Así terminaba el bando.

Evidentemente este sujeto era un “genio” y el personaje más importante del siglo X X, pero del odio, del terror y del horror. Próximamente comentaremos otro libro intitulado “El verdadero Lenin”. Hay que “recuperar la memoria histórica”, oiga.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias  | Escritor

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